Objetivo 10

Reducir las desigualdades

La FVF con los objetivos de desarrollo sostenible

La India es uno de los países del mundo con mayores desigualdades; hay más supermillonarios que en Japón y, por el contrario, también es el país con el mayor número de personas pobres del planeta. El 42% de su población, cerca de 300 millones de personas, sobreviven con menos de un 1,25 € al día. Las fuertes desigualdades internas la sitúan en el puesto 130 de un total de 188 países en el Índice de Desarrollo Humano (IDH).

El Objetivo de Desarrollo Sostenible número 10 busca soluciones globales a las desigualdades entre y en los países. Para frenar el aumento de las disparidades, es necesario adoptar políticas encaminadas a lograr el crecimiento de los ingresos del 40% más pobre de la población. Además pretende promover la inclusión social, económica y política de todas las personas, sin discriminación de edad, sexo, discapacidad, raza, etnia, origen, religión, situación económica u otra condición.

¿Qué hace la FVF en favor de la Justicia social?

Los proyectos de la FVF son dinámicos y, a través de nuestros enlaces rurales, ampliamos nuestras zonas de intervención allí donde nos necesitan promoviendo la construcción de un mundo más justo y equitativo.

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En 2016 comenzamos a trabajar con 409 familias tribales que se desplazaron hace más de 20 años de la zona boscosa de Srisailam a varios pueblos del área de Bhupalpally, en el estado de Telangana. A través de este fotoreportaje exponemos los principales problemas de esta comunidad chenchu y cómo nos organizamos para implementar nuestro modelo de desarrollo integral en una zona de nueva actuación.

© Judit Algueró/FVF

Una comunidad unida y activa

En Shantinagar las 17 familias de origen tribal de la aldea nunca se habían reunido para compartir sus problemas e inquietudes. Por eso, organizar a la comunidad es el primer propósito del personal de la Fundación Vicente Ferrer (FVF). Las asambleas del pueblo son un foro para detectar y analizar los problemas y las necesidades más urgentes. "No contamos con casas permanentes, agua corriente, ni electricidad. No tenemos acceso a buenos médicos", explica Rani durante la reunión.

Una vez constituido, las doce mujeres y hombres que forman generalmente el Comité de Desarrollo de la Comunidad (CDC) ejercerán como portavoces y se asegurarán del buen funcionamiento de los proyectos que se implementen en su aldea.

© Judit Algueró/FVF

Reclamar sus derechos

Mientras se forma el CDC, el siguiente paso es movilizar los recursos que el gobierno de la India pone a disposición de la ciudadanía a través de políticas de protección social. Con el apoyo de la FVF, han comenzado a obtener los documentos de identificación necesarios para solicitar un certificado de discapacidad o de pensión. Son fundamentales también para conseguir la propiedad de las tierras, primer paso para tener una vivienda o una zona de cultivo.

"Sentíamos mucha frustración. No sabíamos cómo dirigirnos a los oficiales", cuenta Jayamma, otra vecina. A través de las reuniones, han tomado conciencia de sus derechos y han entendido la importancia de la presión colectiva para poder reclamarlos.

© Judit Algueró/FVF

Trabajo estable

Muchos de los habitantes de los 19 pueblos del área de Bhupalpally son jornaleros y trabajan en los campos de arroz o algodón que abundan en esta zona. Ganan entre 100 y 150 rupias (2 euros) al día dependiendo de la temporada. En Ravinagar los aldeanos están preocupados por no tener una fuente de ingresos más segura. "Solo conseguimos trabajo a diario durante tres o cuatro meses al año", cuenta un vecino.

Cuatro hombres y un niño de 14 años se quejan de las condiciones de servidumbre con las que trabajan. Este tipo de acuerdo laboral fue abolido legalmente en la India en 1975. Cobran 70.000 rupias anuales (unos 1.000 euros) en tres pagas. Por cada día que enferman o se ausentan, el terrateniente les resta 300 rupias de su salario.

© Judit Algueró/FVF

Modelo de vida

Los chenchu son cazadores. Trabajar el campo no es una actividad natural de la comunidad. Confiesan que son las mujeres las que más han aprendido a cultivar la tierra. Sin embargo, a pesar de que viven lejos del bosque, siguen manteniendo algunas de sus actividades tradicionales, como apresar conejos y diferentes tipos de pájaros para criarlos y venderlos.

En la foto, este joven muestra dos perdices enjauladas que está alimentando con mijo, semillas y arroz. Una vez sean suficientemente grandes las venderá en el mercado, donde espera ganar entre 100 y 200 rupias.

© Judit Algueró/FVF

Una cabaña como hogar

Aunque actualmente la intervención de la FVF se centra en la sensibilización y la organización de la comunidad chenchu, se contempla que sea el Sector Hábitat el primero en implementar proyectos de habitabilidad y saneamiento en la zona.

Cuando esta tribu llegó a Bhupalpally se asentaron en terrenos del Gobierno o en parcelas cedidas para los terratenientes por los que trabajan. Construyeron chozas con materiales no permanentes y que no ofrecen suficiente resguardo de la lluvia o de los insectos y animales. Algunos pueblos cuentan con puntos de agua próximos. En otros, en cambio, tienen que caminar hasta 3 km, sobre todo en verano, cuando muchos pozos cercanos se secan. Tampoco existen letrinas, por lo que se ven obligados a hacer sus necesidades al aire libre.

© Judit Algueró/FVF

Partos no institucionalizados

Según la Encuesta Nacional de Salud Familiar, en las zonas rurales del estado de Telangana la tasa de mortalidad infantil es de 35 bebés fallecidos por cada 1.000 nacidos, por encima de otros estados del sur del país como Tamil Nadu o Karnataka. El 12,7% de los partos siguen teniendo lugar en casa, y solo en el 4% de las ocasiones son asistidos por comadronas o personal sanitario formado. Así fue como vivió el parto la madre de este bebé, que dio a luz con 14 años. Pentamma, la comadrona de varios asentamientos tribales de la zona, aprendió todo lo que sabe con la práctica.

© Judit Algueró/FVF

La calidad de la educación, asignatura pendiente

En Ravinagar la educación de calidad es otra de sus preocupaciones. Niñas y niños acuden a pie a la escuela del Gobierno, que se encuentra a 2 km de distancia. "Van a la escuela pero ni siquiera conocen el alfabeto telugu. Los maestros no están trabajando bien", se queja una madre. Quieren que sus hijas e hijos reciban una buena formación para garantizar sus oportunidades de futuro. Así lo espera también Suvadhra, que posa con sus hijos menores: Arvind y Sarita. Sarita estudia el segundo curso de bachillerato y aspira a acceder a la universidad en un año. Ella y su compañera Lavanya son las únicas dos chicas de la comunidad que han superado la educación secundaria.