Matemáticas y sueños de futuro
La región del Terai presenta los índices de pobreza y analfabetismo más elevados de Nepal, con una tasa de abandono escolar que llega hasta el 50%. La Fundación Vicente Ferrer apoya escuelas como la de Manish y Runi a través de la capacitación docente y la mejora de los sistemas de saneamiento para favorecer una educación de calidad.
"¡Me encantan las matemáticas!", exclama Manish. Y sus palabras hacen eco en el aula, sorprendiendo a quienes las escuchan. El entorno escolar que rodea a Manish no parece fomentar el aprendizaje. “Las condiciones del colegio no son buenas. La infraestructura es muy pobre, apenas tenemos material, los baños siempre están muy sucios y son muy pocos. Tampoco hay un saneamiento adecuado ni jabón", reconoce Manish.
Sin embargo, hay una razón que puede más que todo eso: "Mi profesor, Binod, es el mejor. Explica muy bien las cosas y hace que los números sean fáciles en mi cabeza", relata Manish con sonrisa triunfante. Y esa es, en cambio, una herramienta clave en el aprendizaje. Contar con personal docente cualificado es fundamental para el desarrollo integral de la infancia, pues el profesorado no solo imparte conocimientos académicos, sino que también inspira, motiva y guía al alumnado en su crecimiento personal y social.
Runi, la madre de Manish, lo sabe bien. Lleva 16 años impartiendo clases en el mismo colegio donde acude su hijo en Siraha y ha sido testigo de las múltiples carencias del sistema educativo en su región, situada en la zona del Terai. Esta región, en la frontera con la India, presenta los índices de pobreza y analfabetismo más elevados de Nepal, con una tasa de abandono escolar que llega hasta el 50% en algunos distritos.
Runi observa con impotencia cómo una gran parte del alumnado sufre discriminación en sus comunidades y lidia con instalaciones escolares insuficientes y en mal estado. "Con solo 14 profesores para mil estudiantes, la calidad de la educación se ve gravemente afectada. Hacemos lo que podemos, pero a veces veo cómo compañeros de primaria dan nivel de secundaria y ni siquiera tenemos un laboratorio de ciencias", comenta la docente con preocupación. "Además, solo tenemos una bomba de agua para mil estudiantes. Aquí los veranos son muy duros y la escasez de agua marca la diferencia", asegura mientras mira de reojo a su pequeño Manish.
El dúo madre-hijo entiende la importancia de una buena educación, no solo por los años de experiencia de Runi como profesora, sino porque lo ven reflejado en su propia familia. Su hija mayor, la hermana de Manish, ha terminado el instituto y continuará sus estudios superiores, un sueño que Runi apoya con fervor. Del mismo modo, desea que Manish desarrolle su pasión por las matemáticas y encuentre un futuro laboral que le dé estabilidad y le permita borrar el adjetivo “desfavorecido” de una vez por todas. "Venderé una propiedad ancestral de mi familia para hacer posible que continúen sus estudios", asegura su madre con determinación.
La Fundación Vicente Ferrer apoya escuelas como la de Manish y Runi en Nepal para que cuenten con la capacitación docente y los sistemas de saneamiento necesarios para lograr una educación de calidad y romper así el círculo de la pobreza. Porque la suma de un entorno escolar adecuado y profesorado cualificado como Binod tiene la capacidad de transformar el aprendizaje, fomentando la continuidad del alumnado de comunidades desfavorecidas en las escuelas y preparando a las futuras generaciones para los retos y oportunidades que están por llegar.
Texto y fotografías: Katia Álvarez Charro