La voz de una madre
• Con la mirada sigue atenta a todo lo que sucede a su alrededor, reacciona cuando la llaman por su nombre y sonríe cada vez que escucha la voz de Rajkumari, su madre
• Gracias a la atención que recibe en el centro diurno de SGCP Nepal, Radikha avanza para ser más autonóma
Un intenso aroma a curry se esparce por toda la cocina. Rajkumari tritura con firmeza verduras en un bol hasta convertirlas en fino puré. “Radhika se atraganta con la comida, ahora le estoy preparando su plato. Hoy tocan verduras, aunque ella es más de arroz con leche”, sonríe. La madre da de comer a su hija con suma delicadeza. Radhika tiene parálisis cerebral discinética.
Viven en Biratnagar, en el sureste del Nepal, y pertenecen a la comunidad tharu, mujeres y hombres conocidos por sus elaboradas artesanías y su dominio en el cultivo de la tierra. La familia se vio golpeada por el nacimiento prematuro de Rhadika, “la tuve a los siete meses y pesó tan solo un kilo. Me dijeron que debía esperar hasta que la pequeña tuviera dos años para ver algún desarrollo, pero nada mejoró”, comenta Rajkumari mientras rebaña el bol con una cuchara, dejándolo limpio como una patena.
Este tipo de parálisis se caracteriza por los movimientos espasmódicos y los problemas para controlar manos, pies y extremidades; el cuerpo se retuerce de manera que no permite sentarse o caminar. Necesitaban ayuda, y Rajkumari la encontró en su comunidad. Ghita, una “didi” – ‘hermana mayor’ en nepalí y término que se utiliza para hacer referencia a una gran amistad – que tiene una hija con la misma enfermedad, le habló de la labor que realiza SGCP Nepal (Self-help Group for Cerebral Palsy) en la educación que reciben niñas y niños con discapacidad. “No lo dudé ni un segundo”, afirma la madre.
Rajkumari no se separa de ella. En el patio, entre rayos de luz y el verde de la vegetación, entona los primeros versos de una canción. Le canta en tharu y en nepalí, y no puede evitar dibujar una sonrisa cada vez que ve a su hija reconocer su voz. “Todavía no puede agarrar nada, pero ya consigue estirar las piernas. En el centro he visto cómo avanzan muchas niñas y niños. Espero que un día pueda comer su propia comida, levantarse por su propio pie y hacerlo todo sola”, concluye.
SGCP Nepal: el inicio de una alianza
La Fundación Vicente Ferrer (FVF) ofrece apoyo a esta organización para promover el acceso a la educación para aquellos niños y niñas que ven obstaculizado su progreso y su asistencia a las clases. En Nepal, se estima que alrededor de 770.000 menores de entre 5 y 12 años no están escolarizados y, una cuarta parte, el 26%, sufre las consecuencias del trabajo infantil.
Estas niñas y niños conviven con las barreras de la pobreza, la exclusión social, la migración, las normas sociales y los prejuicios de género; y todas se acentúan aún más si padecen alguna discapacidad.
La Fundación y SGCP Nepal trabajan para mejorar el desarrollo y acceso a la educación y servicios de rehabilitación para las personas con discapacidad, y para paliar la pobreza y el estigma social que este colectivo y sus familias padecen. A través de centros de día y residenciales, asistencia médica y programas de generación de ingresos para sus cuidadoras, en su mayoría mujeres, estas familias pueden salir de la pobreza y ser agentes activos en sus comunidades.
Texto: Josep Romaguera | Entrevista: Eva Galindo | Foto: Bárbara Mompó y Katia Álvarez