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La hermanas Yadav quieren estudiar

• Kabita, Puja y Kazal no han renunciado a su educación a pesar de que sus padres solo apuesten por el futuro de su hermano menor.

• Para estas tres hermanas del distrito de Saptari, al este del Nepal, ir al instituto es indispensable para cumplir sus sueños y sortear la posibilidad de contraer un matrimonio precoz.

Bajo el clima tropical que reina en el distrito de Saptari, al este del Nepal, la familia Yadav vigila a través de la ventana de su pequeña casa que ninguna cabra se escape del establo. El rebaño que tienen, y al que cuidan día a día y sin descanso, significa una gran parte de los ingresos que reciben; la otra parte la aporta el padre, que trabaja en una gasolinera de la zona. La dura realidad, sin embargo, es que apenas consiguen reunir los recursos necesarios para seguir adelante. Ahora, en la vivienda viven la madre, el hijo menor, Raj (8); y las tres hijas, Kabita (12), Puja (14) y Kazal (18). El mismo techo para todos, pero distintas oportunidades y una única apuesta de futuro, la del hijo varón

 

 

Raj es el único que puede centrarse exclusivamente en su rendimiento académico. La hermanas Yadav corren una suerte diferente, las tres tuvieron que regresar a su aldea y retomar sus estudio allí. A falta de dinero, se sacrificaron. En su caso, el regreso a casa multiplica los riesgos y alimenta el miedo a no poder conseguir sus sueños. Kabita y Kazal se levantan al romper el alba para cuidar de la casa y confeccionar las tareas domésticas, son las cuidadoras de su hogar. A la misma hora, Puja y la madre se acercan al establo, cuidan de las cabras y trabajan arduamente el campo que rodea su humilde finca. Son tareas duras, extenuantes y rutinarias. Las hermanas Kadav saben que  quedarse en esa posición las pone en el punto de mira; con la amenaza de seguir el rol tradicional de la mujer rural y por ende, a merced del matrimonio precoz. 

 

El camino más importante que recorren, después de todas las responsabilidades ya cumplidas y con esa presión sacudida, es el que las lleva hacia el instituto. Porque a pesar de todo, las hermanas Yadav no renuncian a su educación. Acuden al instituto público, y aunque los docentes se esmeran para dar buenas clases, las instalaciones dejan mucho que desear. Los aseos, en muy mal estado, acentúan la vulnerabilidad de las chicas, imposibilitando que acudan a las aulas en su período de menstruación. Tampoco disponen de salas de informática ni zonas exteriores en las que poder evadirse y relacionarse. Y aun así, para Kabita y Puja --Kazal ya ha conseguido terminar los estudios -- sigue siendo la mejor opción.  

 

 

La atmósfera que respira en las aulas cada vez que falta una compañera adquiere tonos de preocupación y tristeza. En muchos de los casos, esa chica ya no vuelve. Las hermanas Kazal, al igual que todas sus amigas, temen que la hayan podido casar, o que simplemente sus padres la obliguen a dejar los estudios para ocuparse de la casa y del campo. Son momentos duros para todas, ninguna quiere ser la siguiente. Invertir en su educación es sentar los cimientos de un futuro digno para todas ellas, de escoger su camino libremente y poder cumplir sus metas. 

 

La vulnerabilidad de la infancia en Nepal    

     

En el país de los Himalayas hay tareas por realizar. El cuidado de la infancia y la lucha por sus derechos se convierte en un deber si se tiene en cuenta su situación. En Nepal, un 28% de los menores de 18 años sufren las consecuencias del trabajo infantil, las peores cifras en términos relativos de todo el sur de Asia (UNICEF). Y para las niñas existe un riesgo añadido que eleva su fragilidad: dos de cada cinco son víctimas del matrimonio infantil.      

 

Nepal es un país joven, según UNICEF, el 33% de su población tiene menos de 18 años (9.869.583 niñas y niños), pero solo el 40% de los gobiernos locales han desarrollado mecanismos de gestión, promoción y protección para menores. El peligro también existe en casa. Casi todas las niñas y niños entre 1 y 14 años sufren violencia en su propio hogar. La disciplina violenta afecta al 82% de las y los menores

 

Con el objetivo y el compromiso de proteger a la infancia, la Fundación Vicente Ferrer trabaja para garantizar los derechos de las niñas y niños más vulnerables y asegurar su educación a través de la creación de espacios seguros para que puedan conseguir todas sus metas.

 

Entrevista: Josep Romaguera | Fotos: Katia Álvarez 

Igualdad Nepal educación matrimonios infantiles