Infancia olvidada en los hornos
• Las hijas e hijos de los trabajadores de la industria del ladrillo en Nepal crecen entre nubes de humo negro y polvo.
• La exposición de los menores a altos niveles de contaminación deriva en problemas de salud que se suman, en muchas ocasiones, a casos de violencia en el hogar o situaciones de extrema pobreza agravadas por deudas familiares hacia los propietarios de las fábricas.
Las chimeneas no paran de escupir humo negro y ceniza. Cuantos más ladrillos se fabrican, mayor es el jornal al final del día. Las fábricas de ladrillo acogen a trabajadores y a sus familias que se asientan en diminutas casas alrededor de los grandes hornos durante la temporada de producción. La ardua tarea de los jornaleros, llegados desde distintos distritos de Nepal, esconde prácticas que derivan en graves problemas para la salud. ¿Qué ocurre con sus hijas e hijos que viven en este contexto en el que reina el rojizo del ladrillo?
La infancia también está expuesta a estos altos niveles de contaminación, 25 veces superior al considerado seguro para el organismo, que afectan a su crecimiento y desarrollo. En los hornos, sin embargo, residen otros peligros para las niñas y niños. Episodios de violencia en el hogar y extrema pobreza que se acentúa con deudas familiares con los propietarios de las fábricas están a la orden del día. Las lesiones o la falta de recursos para sobrevivir son una losa para la niñez que vive alrededor de los hornos. Ponen en riesgo su salud y entorpecen su camino hacia el lugar más seguro en el que pueden estar: la escuela.
Aryan, Aashaa* y Dama*: vidas precarias en las entrañas de los hornos
La vida en los hornos de ladrillo altera el curso natural de la niñez. Muchos de los menores enferman a causa de la inhalación constante de las sustancias que desprende el humo. Neumonías, diversos problemas respiratorios, jaquecas o náuseas son, lamentablemente, habituales para la infancia que vive en las fábricas. Aryan, de 6 años, lleva un año viviendo en una chabola cercana a una de las chimeneas. Él y su madre, trabajadora del ladrillo, tienen problemas para respirar. A menudo la ayuda, sin embargo, soportar tanto peso le provoca problemas en las manos, la espalda y las rodillas. El polvo y el humo son muy dañinos para sus ojos y pulmones. La gente que vive en las fábricas apenas sabe lo que es respirar aire que no esté contaminado. La mezcla que se utiliza para fábricar los ladrillos contiene carbono negro, dióxido de azufre, dióxido de carbono y otras partículas.
Las jornadas se hacen largas y es después del trabajo cuando otra de las problemáticas sale a la luz. El abuso de alcohol entre los trabajadores se convierte en un peligro para los menores y sus madres que esperan en casa. Es el caso de Aashaa*. Ella y su madre son víctimas de la violencia en el hogar. La pequeña padece una enfermedad de huesos frágiles y debido a las lesiones que le provoca su padre no puede ir a la escuela con regularidad. La última fue una fractura en la mano izquierda. Su madre, a veces, abandona la casa cuando la situación es insostenible. Mientras tanto, Aashaa* sigue viviendo una realidad que sufren otras niñas y niños que habitan este hostil paisaje donde impera el humo que sale por las chimeneas a destajo.
En Nepal, la mayoría de niñas y niños, de entre 1 y 14 años sufren violencia en su propio hogar. Según un estudio realizado por UNICEF, la disciplina violenta afecta al 82% de los menores del país poniendo en riesgo su salud y acentuando la necesidad de proteger a la infancia más vulnerable.
Deudas que perpetúan la pobreza
En las fábricas impera una jerarquía. El propietario es quien controla a los trabajadores y gestiona todo. Pero las familias que viven en los hornos apenas pueden alimentarse. La solución que encuentran es pedir dinero para subsistir. ¿Quién se lo presta? El mismo propietario. Cuando esto sucede, y es muy a menudo, estas familias contraen una deuda económica que agrava aún más su situación y los condena a la extrema pobreza. Es justo lo que les ha pasado a Dama* y su familia. La madre trabaja en el horno mientras la niña, de 6 años, se queda cuidando de su hermana recién nacida y de su padre, que tiene una enfermedad mental. La situación de pobreza de la familia, aún pagando la deuda, impide que la pequeña pueda seguir una dieta que favorezca su crecimiento. Están al borde del abismo, sin poder adquirir medicamentos si alguien se pone enfermo, sin recursos, atados de pies y manos por la fábrica de ladrillos en la que viven y que poco a poco les consume y pone en riesgo la salud de Dama* y de su hermana pequeña, aún más vulnerable.
El reto más importante: proteger a la infancia
Las niñas y niños que viven en los hornos de ladrillos son extremadamente vulnerables y más propensos a caer en las redes del trabajo infantil. En Nepal, el 28% de los menores de 18 años sufre sus consecuencias. Es una de las peores cifras en términos relativos de todo el sur de Asia. Los menores tienen el derecho a crecer en un entorno seguro, rodeado de los cuidados necesarios y libres de violencia, abuso y explotación. Garantizar este derecho nos compete a todas y todos.
Para ello, desde la Fundación, abordamos el reto de la protección de los derechos de la infancia desde la prevención, la lucha contra la explotación, el abuso, la desatención, las prácticas nocivas y la violencia contra los niños, las niñas y adolescentes. Apostamos por el trabajo en red con las autoridades y agentes locales en la creación y fortalecimiento de marcos legislativos y mecanismos de actuación y protección que contribuyan a abordar y salvaguardar los derechos de la infancia. Porqué el primer paso para ejercer un derecho es conocerlo.
*Los nombres de las protagonistas han sido ocultados para preservar su intimidad y seguridad. La Fundación Vicente Ferrer trabaja codo con codo con entidades locales para garantizar un futuro mejor a niñas y niños en situación de vulnerabilidad. Nos mueve el bienestar de la infancia.
Texto: Josep Romaguera | Entrevistas: Eva Galindo | Foto: Katia Álvarez