Un espacio donde cultivar la resiliencia
Las niñas y los niños palestinos han sido objetivo bélico desde el 7 de octubre de 2023, afectando a su supervivencia, salud, educación, desarrollo y bienestar psicológico
En medio de la devastación que asola la Franja de Gaza, un espacio de color verde destaca entre los escombros, las tiendas improvisadas y las ruinas de lo que fue una ciudad próspera. En el campo de personas desplazadas de Deir al-Balah, al sur del territorio y donde viven más de 42.700 habitantes, una pista de cemento del color de la esperanza se ha convertido en mucho más que un lugar de juego. Se ha transformado en un refugio emocional para las niñas y niños.
Se trata de uno de los Espacios Seguros para la Infancia impulsados por la Fundación Vicente Ferrer, junto a la entidad local Palestinian Organization for Development, para contribuir a la protección y el bienestar de niñas, niños y adolescentes afectados por la guerra.
Desde el 7 de octubre de 2023, la infancia palestina ha sido un objetivo bélico, hecho que ha afectado gravememente su supervivencia, salud, educación, desarrollo y bienestar psicológico, según afirma el reciente informe de la Comisión Internacional Independiente de Investigación de la ONU. La situación es alarmante. Al menos 20.179 niñas y niños han muerto y 44.143 han resultado heridos en Gaza, según detalla el estudio.
El impacto va mucho más allá de las cifras. Las consecuencias sobre la salud mental son devastadoras. Traumas, ansiedad, depresión y estrés continuado forman parte del día a día de miles de menores que viven bajo la percepción constante de una muerte inminente. La investigación de la ONU también alerta sobre posibles efectos intergeneracionales a largo plazo derivados de la exposición continuada a la violencia.
A ello se suma el impacto sobre la escolarización de la infancia. Según datos del mismo informe, las niñas y niños de Gaza han perdido ya tres cursos escolares desde el estallido de la guerra. Además, más del 97% de las escuelas y de los espacios considerados seguros han resultado dañados o destruidos, dejando a alrededor de 668.000 menores sin acceso a la educación formal.
Jugar como un símbolo de resistencia
Despertarse por la mañana, desayunar y prepararse para ir a la escuela es una rutina que solemos asociar con la infancia en cualquier parte del mundo. La escuela representa un espacio seguro para aprender, socializar y crecer. Sin embargo, esta realidad dista mucho de la que viven hoy miles de niñas y niños en Gaza.
En este contexto, actividades tan sencillas como jugar, crear, bailar o compartir tiempo con otros menores adquieren un significado profundo. Lo cotidiano se transforma en una herramienta de protección y recuperación emocional. Recuperar una rutina, expresar sentimientos o sentirse seguro durante unas horas puede marcar una diferencia fundamental en la vida de quienes han crecido rodeados de bombardeos, desplazamientos forzosos y pérdidas.
Los Espacios Seguros para la Infancia son instalaciones para garantizar que niñas, niños y adolescentes puedan acceder a entornos protegidos que promuevan su bienestar psicosocial. Son lugares donde pueden reunirse con otros menores para jugar, aprender a afrontar los riesgos a los que se enfrentan, participar en actividades educativas y recreativas o simplemente relajarse.
Muchas familias llegan a estos espacios tras haber vivido situaciones extremas y con elevados niveles de estrés. Los menores suelen presentar señales de ansiedad, retraimiento o trauma. Gracias a un entorno seguro y a la atención especializada, pueden recuperar gradualmente rutinas, fortalecer vínculos con otros niños y niñas y mostrar una mayor estabilidad emocional.
Compromiso con la infancia de Gaza
Para responder a esta emergencia, la Fundación Vicente Ferrer está llevando a cabo un proyecto para garantizar el derecho a la salud mental, la protección y el bienestar integral de niñas, niños, adolescentes y personas cuidadoras en la Franja de Gaza.
La iniciativa ofrece apoyo psicosocial a 3.000 niñas y niños, 1.800 adolescentes y 720 familiares y otras personas cuidadoras. El objetivo principal es crear estos espacios seguros donde la infancia y sus familias se sientan protegidas, reciban acompañamiento emocional para abordar el trauma y puedan recuperar cierta estabilidad en sus vidas.
Además, el proyecto facilita el acceso a bienes esenciales como agua, alimentos, ropa, productos de higiene y utensilios para cocinar. Paralelamente, se está trabajando para reforzar el tejido comunitario mediante la formación de equipos locales especializados en acompañamiento psicosocial y respuesta humanitaria.
Las instalaciones se conciben como espacios de encuentro, memoria y denuncia, pero también como lugares de cuidado y esperanza compartida. En un contexto marcado por la incertidumbre y la violencia, estos espacios representan una oportunidad para que la infancia pueda seguir siendo infancia y encontrar, aunque sea por unas horas, un respiro donde cultivar la resiliencia.