Un día en la academia residencial de fútbol
En India, Anusha significa “estrella”. Hace 15 años en Atmakur, una pequeña ciudad de la rural Andhra Pradesh, nació un destello de lo que estaba preparado para ser una constelación entera. Sus padres, Ramalakshmi y Chandra, eran humildes agricultores, pero Anusha, inspirada por sus hermanas, Chandana y Rajeswari, soñaba con otro tipo de campo: el de fútbol.
A los ocho años corrió por primera vez tras un balón, sin saber que eso iba a cambiar su vida, y en quinto curso ya no se dedicaba a otra cosa en su tiempo libre. Creció, y con ella sus hermanas, quienes apartaron el fútbol de su vida para dedicarse a otras cosas como la casa o los estudios. Anusha, sin embargo, tenía claro que su sueño era jugar para la Selección Femenina de la India.
Hace tres años, la Fundación Vicente Ferrer abrió las puertas de la Academia de Deportes residencial de Anantapur (ASA) gracias al compromiso de FUNDACIÓN LALIGA y, con ella, el programa de fútbol femenino que hoy entrena a más de una docena de niñas. El primer fichaje fue Anusha quien, a pesar del escepticismo de sus padres y alentada por sus profesores, entró en el equipo de fútbol.
Consciente de la responsabilidad que eso suponía y la oportunidad que tenía en sus manos, empezó desde el primer día a trabajar duro. “Cuando llegué tenía miedo y echaba mucho de menos a mi familia. Vienen a verme una vez al mes y los llamo los domingos”, cuenta la joven deportista. “Poco a poco he ido conociendo a la gente y me he acostumbrado a la academia: mis amigas son mi familia”, sentencia Anusha.
Su rutina en la Academia de Deportes de la FVF empieza a las 5 de la mañana, cuando se bebe su primer vaso de leche y sale al campo a entrenar. A las ocho de la mañana vuelve a reponer fuerzas en la cantina y se prepara para ir a clase, donde está cursando el Bachillerato de Ciencias Sociales. A las 4 de la tarde le toca su segundo entrenamiento del día, hasta las 7. Se ducha, hace los deberes y pasa tiempo con sus amigas antes de irse a la cama.
Su constancia y esfuerzo le ha valido méritos como competir, con tan solo 13 años, a nivel nacional, o hasta jugar para el equipo de Bangalore, la ciudad más grande del estado de Karnataka, con algunas de las mejores futbolistas del mundo en su categoría. “El año que jugué por primera vez con el equipo de Bangalore tuve problemas con el idioma, no sabía inglés. Al principio, íbamos hasta la ciudad a jugar y luego volvíamos, luego empezamos a quedarnos periodos de tres meses y así mejoró nuestra comunicación. Desde hace tres años lo hago así: estudio de su técnica y el idioma. Es complicado, pero aprendo muchas cosas nuevas”, relata Anusha.
En sus momentos de bajón, tiene claro en quién apoyarse: las personas encargadas de entrenar al equipo, Anjali e Hindu. Para la deportista, son sus ejemplos a seguir.
A través del deporte, Anusha ve una forma de ayudar y apoyar a su familia, además de algo con lo que estar conectada a sus hermanas y a sí misma. Con cada entrenamiento, cada partido, cada gota de sudor, hace justicia a su nombre, porque tiene claro que ni las nubes del cielo conseguirán apagarla.
Fotografías: Katia Álvarez Charro y Carlota Pizá