Viudas unidas contra el estigma del VIH/Sida

  • Las mujeres en situación de viudedad son las pacientes con enfermedades infecciosas más vulnerables: dos tercios son analfabetas, habitualmente tienen dificultades para conseguir un empleo y no reciben el apoyo de sus familiares

En Andhra Pradesh y Telangana, los estados, donde trabaja la Fundación Vicente Ferrer (FVF), viven 400.000 personas con VIH, el porcentaje más alto de toda la India. Las historias de transmisión comparten casi siempre el mismo patrón. Los hombres suelen ser los portadores de esta enfermedad que contraen en las ciudades a las que acuden a trabajar de manera temporal por falta de empleo permanente en sus aldeas. Allí tienen contacto con trabajadoras sexuales y cuando regresan le transmiten el virus a sus esposas. Ellas, de corta edad -el 78% tiene menos de 35 años- y carentes de recursos, se quedan solas tras el fallecimiento de los cónyuges sin más legado que el de su enfermedad.

Ese es el germen de la difícil situación vital que afrontan las más de 250 mujeres que asisten a las reuniones mensuales que organiza la FVF para viudas con VIH/Sida. Desarrolladas en el marco de un programa de asistencia a pacientes afectados por enfermedades infecciosas a través de la atención hospitalaria y domiciliaria, estos encuentros suponen un importante apoyo físico, psicológico y económico para las mujeres. Divididas en grupos de diez, habitualmente conversan sobre su recuperación, su estado de ánimo, sus problemas familiares y los efectos secundarios de los medicamentos, entre otras cosas.

Para Suguna Mikkara, una de las líderes y coordinadoras de estos encuentros, “el desconocimiento y la falta de apoyo son los peores enemigos de esta enfermedad”. Su marido falleció de VIH/Sida pero al igual que su hija, ella está exenta del virus y ahora se dedica a ayudar a este colectivo de las áreas rurales de Andhra Pradesh, donde solo el 27,7% de mujeres tienen conocimientos reales sobre el VIH/Sida y sus vías de transmisión, tal y como constata la Encuesta Nacional de Salud Familiar de la India.

Aún menor es el porcentaje de aceptación social del virus ya que, según esta misma encuesta, solo un 15,5% de personas expresa actitudes de aceptación frente a los afectados por la enfermedad. “Mi familia me alquiló una habitación y me mantuvo aislada porque tenían miedo; estuve sin ver a mis hijas 6 meses”, recuerda Krishna Veni emocionada, una de las viudas que asiste a estas sesiones y cuyo marido falleció en un incendio antes de que le diagnosticaran el virus. Krishna tuvo que enfrentarse en solitario a la enfermedad y abandonar la casa de su cónyuge tras su muerte. La presión social es tan elevada que llegó a pensar en el suicidio como la única salida posible a su situación vital: “Tenía mucho miedo al principio y deseé morir”, afirma. Años más tarde, gracias al apoyo de la FVF, reconoce haber encontrado “la paz”.

Gerardo Uria, responsable de enfermedades infecciosas del hospital de Bathalapalli, presencia muchas de estas historias ya que “un tercio de todas las pacientes con VIH/Sida del hospital son viudas”.  El médico destaca la vulnerabilidad del colectivo femenino, “dos tercios de las viudas son analfabetas y tienen problemas para conseguir un trabajo y muchas veces la familia no les apoya”. Para cubrir sus necesidades básicas, el hospital proporciona cada dos meses un paquete nutricional a las viudas seropositivas, que suman un total de 900 de los 2.000 pacientes con VIH/Sida que reciben tratamiento en el centro médico.  

La atención sanitaria y nutricional, y el apoyo psicológico, se complementan con el sustento económico que la FVF les ofrece. A cada grupo le concede un crédito de 100.000 rupias (en torno a 1.400 euros) a dividir entre las 10 mujeres que lo integran. Así, cada una recibe unas 10.0000 rupias (cerca de 140 euros).  Con este fondo casi todas han creado su propio negocio que les permite proporcionar una educación a sus hijos y tener una vida digna.

Es el caso de Padmavati, madre de tres jóvenes, que hace años “aprovechaba para comer las sobras de los dueños de las casas en las que trabajaba limpiando” y que  ha invertido el préstamo de la FVF en paquetes de leche y yogur y ahora combina la venta de estos productos con su empleo como limpiadora. Algunas venden fruta, otras guirnaldas de flores o saris –vestido tradicional de la India- pero todas han conseguido salir adelante y se han convertido en un apoyo fundamental para las demás, “juntas nos sentimos más fuertes”, afirma Padmavati agradecida.