Un año más cerca de una India limpia

  • Un año después del inicio de la campaña nacional “Limpia India”, la FVF ha construido más de 6.100 letrinas a través de este programa
  • La sensibilización es una pieza fundamental para el éxito, en algunas aldeas los propios miembros de la comunidad han creado comités de vigilancia para supervisar que todos hacen uso de los nuevos aseos

En la India el 61% de las viviendas rurales carecen de un inodoro y la población genera 100.000 toneladas de excrementos al aire libre diariamente, según señala un programa de monitorización elaborado por la Organización Mundial de la Salud y Unicef en 2015. Un porcentaje que, aunque ha descendido desde el 91% registrado en 1990, sigue indicando una crisis de salubridad en el país. Con el fin de acabar con ella, el gobierno activó la campaña “Limpia India” el dos de octubre de 2014, conmemorando el aniversario del nacimiento de Mahatma Gandhi. La Fundación Vicente Ferrer (FVF) colabora con las autoridades en este proyecto desde 2015 mediante la construcción de letrinas en el estado de Andhra Pradesh, donde, un año después de su implicación, ha iniciado la edificación de 20.046 aseos.

Los resultados ya son tangibles en localidades como Narasimpalli (Bathalapalli, Anantapur), una aldea en la que se han cimentado 360 letrinas, que marcan el inicio de una transformación en pro de la intimidad, la seguridad y la salud de sus habitantes.

“La iniciativa fue acogida en Narasimpalli con entusiasmo, el gran reto ha sido cambiar los hábitos de una población acostumbrada a asearse al aire libre”, afirma Mallikarjuna, director regional de la FVF en Bathalapalli, que con su esfuerzo ha contribuido a la implicación de todos los habitantes en la utilización de los aseos. La labor de sensibilización comienza con la obligada participación de las familias en la construcción de las letrinas, “una condición que fomenta su uso posterior, ya que así valoran el esfuerzo que supone y comprenden su importancia”, explica el director. Para realizar esta tarea, las familias cuentan con la ayuda de un albañil, dos funcionarios que supervisan la operación y dos personas de la Fundación, ésta última se hace cargo del coste de la letrina y a posteriori recibe 15.000 rupias (202 euros) por parte del Gobierno.

Aunque la intervención de la comunidad en esta transformación cultural va mucho más allá del esfuerzo físico. Ejecutores y jueces, los propios vecinos son los que controlan que todos los habitantes hagan uso de las letrinas y, con esta finalidad, han creado un comité de vigilancia que sanciona a los que incumplen la norma quitándoles la cartilla de acceso a alimentos subvencionados por el Gobierno.

Gracias a medidas como ésta, los residentes aseguran haberse acostumbrado a utilizar las letrinas, una iniciativa que valoran por muchas razones. La intimidad es una de ellas, principalmente para las mujeres que antes eran “seguidas y espiadas cuando iban a hacer sus necesidades al aire libre”, explica Ramanjinama, una de las vecinas de la localidad. “Muchas de ellas evitaban ese momento hasta que no aguantaban más o hasta que caía la noche”, relata, “cuando la oscuridad invitaba a serpientes y otras especies, generando picaduras y problemas de salud”. La ducha también era un momento incómodo ya que tenían que esperar a que no hubiera luz para lavarse entre las telas de un sari.

La ausencia de letrinas tenía otras consecuencias, “muchas niñas dejaban de ir a la escuela porque allí no había retretes”, apuntala Ramanjinama, que también recuerda que “cuando los caminos se llenaban de barro durante el monzón los viandantes ensuciaban todo en su búsqueda de un emplazamiento adecuado”. Y como no siempre lo encontraban recurrían a los campos de cultivo cercanos, por lo que muchos terratenientes vallaban sus terrenos para que no fueran utilizados como letrinas. Esto ha dejado de ocurrir desde que se implantó el sistema actual, a través del cual el residuo líquido va a parar a un depósito subterráneo cuyo fondo arenoso filtra la orina en la tierra y en algunas casas sirve para regar plantas.

Para que los vecinos puedan seguir disfrutando de todas las ventajas que acarrean las letrinas,  ahora tienen que mantenerlas limpias.  Suma, la trabajadora sanitaria de la comunidad en Narasimpalli, sostiene que “la FVF se ha esforzado mucho para sensibilizar a los aldeanos y promover el uso de las letrinas y su higiene”. Una labor en la que se inmiscuyen los organismos públicos mediante la divulgación, la distribución de folletos y la organización de talleres. Al último de estos encuentros asistió Mallikarjuna, donde le explicaron cómo debe ser el funcionamiento óptimo de las letrinas y le proporcionaron herramientas para impactar a la población y animarla a mantener la limpieza: “En telugu –lengua local- existen más de 600 palabras para hacer alusión a la defecación, de las cuales seleccionamos las más provocativas con el fin de generar desagrado a los vecinos”.

Mallikarjuna garantiza que la estrategia ha surtido el efecto esperado ya que la higiene ha mejorado durante el último año. El lavado de estos espacios de 1,22 x 1,89 metros es necesario para evitar los problemas de salud; los habitantes de esta localidad son conscientes de que la falta de higiene en las letrinas es fuente de todo tipo de enfermedades y ellos mismos proclaman que es común el contagio a través de la lactancia materna y de las moscas, que viajan de las deposiciones a los platos de lentejas.

El entorno de Narasimpalli ahora luce más limpio. Esta localidad se encuentra un año más cerca de la higiene y la salubridad que el Gobierno sueña para sus habitantes, y que la FVF contribuye a hacer realidad con su trabajo.