Promotores del cambio

  • Los Comités de Desarrollo de la Comunidad ejercen de portavoces de las aldeas frente la Fundación Vicente Ferrer
  • En 15 años, Kodapaganipalli ha vivido una transformación con la creación de su escuela comunitaria y más de medio centenar de viviendas

Los habitantes de Kodapaganipalli juegan con los números con soltura: todos conocen el sueldo del profesor, la contribución de cada familia, el coste de mantenimiento de la escuela, el número de casas construidas con el apoyo de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) y cada fecha importante desde que se fundó el Comité. Esto sucedió en el año 2000, cuando la Fundación llegó a esta aldea, “una comunidad de 79 familias: 34 dalits y 45 tribales”, puntualiza Bojjamma, una de las líderes del Comité.

Los Comités de Desarrollo de la Comunidad (CDC) están generalmente integrados por un máximo de 12 personas. El de Kodapaganipalli lo forman cinco mujeres y cuatro hombres. Hoy han acudido ocho a la reunión. Las mujeres dejan sentir su puntual llegada con el tintineo de sus “chudis” -las pulseras que adornan sus brazos- y sus saris de colores. Los hombres, rezagados, van llegando uno a uno y se acomodan en las esterillas situadas en el pórtico de la escuela, su improvisada sala de reuniones.

La función del Comité es la de representar a todos los habitantes de la aldea y ejercer de portavoz de las iniciativas y propuestas comunitarias ante la Fundación. Todos los miembros de la comunidad participan activamente en la identificación,  planificación y ejecución de los proyectos. Thippanna, uno de los miembros del Comité, relata el primer proyecto que desarrollaron conjuntamente la comunidad y la FVF: “Treinta familias tenían terrenos en propiedad pero eran estériles. Entonces hablamos con la Fundación para acondicionar la tierra y comenzar a cultivar”. Prosigue Mutyalamma contando que también se han construido casas para los miembros de la aldea que, como ella, dormían sin más abrigo que las hojas de un cocotero por techo. En una primera tanda se levantaron 28 viviendas y en la segunda, 34. “Ahora queremos poner baños en las casas”, puntualiza. Todo el pueblo se hace cargo del mantenimiento y la sostenibilidad del los proyectos. Son temas complejos de tratar, pues, como cuenta Thippanna, “requieren una fuerte implicación y compromiso por parte de todos”.

La comunidad escoge a sus líderes

Cada uno de los miembros del Comité representa a unas nueve o diez familias. “Entre todos los vecinos elegimos a los líderes. Nos fraccionamos en grupos según la zona de la aldea en que vivimos y seleccionamos un representante rotatorio cada 2 o 3 años” explica Mutyalamma.

Tienen muy claro qué características buscan en un líder. “Saber hablar en público” dice Thippanna, “si tiene calma o si se enfada con facilidad también es importante” añade Calamma. Les siguen una algarabía de voces que exclaman “capacidad para gestionar problemas”, “su nivel de estudios”, “una actitud positiva hacia los miembros del Comité”.

“Como nos conocemos bien en el día a día, ya sabemos qué personas cumplen estos requisitos” explica uno de los miembros más longevos de la comunidad. Además, la Fundación organiza talleres para reforzar sus habilidades de liderazgo, y reuniones una vez cada tres meses para intercambiar ideas y experiencias.

Los temas que preocupan
“El día 30 de cada mes nos reunimos para discutir sobre nuestras preocupaciones y  proponemos nuestras propias soluciones”, comenta Nagamma. El maestro de la escuela, Janjeevappa,  les acompaña para tomar nota de todo en el acta: “comienzan tratando los temas urgentes y luego los que conllevan un mayor trabajo”, explica. Generalmente los temas que tratan están relacionados con la escuela, “al principio de cada año escolar hacemos un recuento del número de alumnos que tienen que matricularse en la escuela y hablamos con sus familias”, dice Calamma. También se encargan de organizar celebraciones y festividades, y de hablar con las trabajadoras comunitarias - mujeres locales que se encargan de la promoción y educación de la salud en la comunidad-.

“¿Qué hemos cambiado?”, reflexiona Balamma. “Lo primero la educación. Antes llevábamos a los niños al campo con nosotros cuando íbamos a trabajar y ahora estudian. Ahora tenemos una forma de ganarnos la vida. La Fundación ha traído prosperidad y oportunidades

El Comité define la pobreza como “la falta de casa y comida” y pone de manifiesto la mejora sustancial que han experimentado desde que las familias trabajan unidas en proyectos comunitarios. “Nosotros cuidamos de los cerdos y fabricamos escobas durante seis meses. Luego viajamos en  camioneta al estado vecino de Tamil Nadu. En 15 o 20 días las vendemos todas y podemos regresar a casa” cuenta Mutyalamma, que además de ser miembro del CDC participa en un grupo de violencia contra la mujer.

El concepto de comunidad se plasma en su férreo sentido del compromiso. Lo sustancial es que los resultados de este trabajo en equipo se traducen en autosuficiencia y dignidad para el conjunto de la comunidad. Ellos son los promotores de su propio desarrollo.