Más de 45.000 personas reivindican sus derechos en las asociaciones con discapacidad de la FVF

  • Los vikalangula sangham han fortalecido a un colectivo duramente discriminado que hoy exige igualdad

Respeto e independencia son las palabras que mejor resumen lo que supone participar en un Vikalangula Sangham, los grupos de apoyo mutuo en los que participan personas con discapacidad que la FVF impulsa desde 1996. Una gran red mediante la cual más de 45.000 personas obtienen atención sanitaria, viviendas, ayudas a la educación, préstamos para su empoderamiento económico, charlas de concienciación y, en definitiva, un lugar donde crecer en dignidad.

“Gracias a los Vikalangula Shangam tenemos identidad, nos sentimos fuertes y nos hemos ganado el respeto de la sociedad. Antes, nadie nos apoyaba y tanto en casa como en la sociedad nos sentíamos discriminados y discriminadas. Después de formar estas asociaciones aprendimos a vivir de forma independiente, accedimos a muchos recursos de la FVF y del Gobierno y hemos solucionado muchos de nuestros problemas”. Quien habla es Kristamma, lideresa de uno de los sangham de su pueblo, Duddekunta, en el distrito de Anantapur.

Kristamma tuvo la polio de pequeña y le quedaron afectados ambos brazos y piernas. A pesar de que en la India rural las discapacidades provocan un gran estigma familiar y social, ella nunca se rindió y consiguió encontrar un trabajo y una familia. “El matrimonio es una de las principales preocupaciones de las personas que acuden al Vikalangula Sangham. Antes, nadie quería casarse con nosotros, porque nos veían como inútiles. Poco a poco esta percepción está cambiando y ya no nos ven como una carga”.

La capacidad de generar sus propios ingresos y lograr ser económicamente independientes es clave para este cambio de mentalidad. Por eso, además de la orientación para acceder a ayudas y subvenciones del Gobierno, el sangham permite a las personas con discapacidad obtener préstamos para abrir negocios locales.

Así lo explica Ramakrishna, miembro del grupo de Duddekunta: “Antes tenía que pedir los préstamos a familias de terratenientes que me cobraban intereses muy altos, con condiciones abusivas. Era imposible poder ahorrar dinero. Gracias al préstamo de la Fundación pude abrir una pequeña tienda de alimentación y hoy no dependo de nadie”.

Otra de las dificultades que deben afrontar habitualmente las personas con diversidad funcional es el acceso a la educación. Algunas familias y profesores no quieren que los niños y niñas con discapacidad vayan a la escuela porque no creen que puedan aprender nada, no confían en su futuro. “Ahí es cuando intervenimos nosotros”, señala Kristamma. “Nos pasó con un niño del pueblo que el profesor no quería en clase. Nos organizamos, fuimos a hablar con la escuela y le dieron una oportunidad. Hace poco incluso construyeron una rampa para mejorar la accesibilidad del colegio. Fue una gran victoria para todos”.

En 2016, la India aprobó una nueva Ley de Personas con Discapacidad que supone avances importantes en la materialización de sus derechos y en el reconocimiento social. Sin embargo, en zonas rurales como Anantapur, una parte muy importante de la población no conoce realmente qué garantías y beneficios establece la legislación, ni cómo acceder a ellos. “¿Qué sentido tiene un derecho si la gente no lo conoce ni lo ejerce?”, se pregunta Dasarath Ramadu, director del Sector Personas con Discapacidad de la FVF.

La traducción de la nueva ley al telugu, la lengua local, y las formaciones a través de los vikalangula sangham están siendo cruciales para lograr este objetivo y que las personas con discapacidad sigan avanzando hacia la igualdad efectiva. “La herramienta para mejorar la vida de miles de personas está ahí, y nuestra misión es ponerla en sus manos”, concluye Ramadu.

El segundo líder del sangham de Duddenkunta es Hanumantha Raidu, a quien su madre obligó a casarse cuando era joven para echarlo de casa. Él forma parte del grupo desde que se fundó hace más de 20 años: “Antes de formar este grupo no sabíamos nada y nadie nos cuidaba. La gente nos llamaba con apodos dependiendo del tipo de discapacidad que teníamos. La FVF nos ha enseñado la importancia de organizarnos y trabajar juntos para mejorar nuestras condiciones de vida. Hoy la gente nos respeta y nos llama por nuestro nombre”.

Hanumantha sufrió en propia piel otra de las discriminaciones más habituales hacia las personas con diversidad funcional: “Tuve problemas con mis hermanos por la herencia de mis padres. Me decían que no tenía derecho a recibir nada”. Como diría Kristamma, ahí es donde interviene el Vikalangula Sangham. “Todos me acompañaron a denunciar la situación, hablamos con mis hermanos y finalmente aceptaron darme lo que me correspondía”, relata orgulloso Hanumantha.

Antes de irnos de Duddekunta, Ramakrishna se acerca para recordarnos la esencia del grupo y del trabajo de la FVF: “En el sangham todos somos iguales y juntos somos más fuertes. Aquí he aprendido a ayudar a las personas que más lo necesitan”.

Oriol Petit