Los estudiantes de Bukkaraya afrontan cuatro días de exámenes

Niña con discapacidad auditiva preparándose para los exámenes.
  • Se trata de una de las tres pruebas decisivas del año académico para pasar al siguiente curso
  • El principal reto de los profesores: una educación basada en el razonamiento crítico

Como cada día el despertador de los alumnos de secundaria de la escuela Bukkaraya Samudram suena a las 6.30 de la mañana. Sin embargo, los nervios han desvelado el sueño de muchos bastante antes. Están en el ecuador del curso y tienen que superar uno de los tres exámenes más importantes de este año académico para pasar al siguiente. En este país politeísta los alumnos no se encomiendan a los dioses ni confían en que ningún talismán les ayude. Ni plegarias, ni supersticiones, “el único secreto es estudiar”, afirma Sister Veena, directora de este centro de educación para niñas y niños con discapacidad auditiva. En estos cuatro días tendrán que superar pruebas de telugu (su lengua oficial), matemáticas, ciencias físicas y biológicas, y ciencias sociales (que engloban geografía, historia, economía y civismo).

“Asignaturas como las matemáticas son más fáciles de aprender para ellos”, afirma Padmalatha, profesora que imparte esa asignatura. “Tienen que resolver problemas concretos. Sin embargo, cuando se trata de ciencias o telugu tienen dificultades para expresar frases enteras porque están acostumbrados a hacerse entender a través de gestos. Por ejemplo, para decir que tienen hambre se llevan la mano a la boca, no desarrollan toda la frase con el lenguaje de signos”.

Los 239 chicos y chicas que estudian y residen en Bukkaraya (distrito de Anantapur) proceden de familias extremadamente pobres de aldeas rurales alejadas de cualquier escuela o centro sanitario. A menudo ni siquiera sus propios padres, en un 90% de los casos analfabetos, se han dado cuenta que no oyen. La FVF realiza trabajos de campo para detectar estos casos y poder escolarizarles. A veces no lo logran hasta los seis o siete años. A esa edad comienzan a aprender el lenguaje de signos con sus profesores, mientras que, en los países desarrollados, este lenguaje comienza a incorporarse a partir de los dos años.

Los alumnos de secundaria de Bukkaraya, que tienen entre 12 y 17 años, siguen un sistema educativo adaptado y orientado a su integración. Los profesores reconocen que tratan de cubrir algunas lagunas de su aprendizaje “muy memorístico y muy poco orientado al razonamiento”. Para ello, procuran ofrecer una enseñanza más visual (dibujos y fotografías) y práctica (experimentos científicos). “En todo caso, muchos nos preguntan por qué son sordos”. En clase de reproducción los profesores aprovechan esta inquietud para explicar las consecuencias de la consanguinidad de los progenitores, muy habitual en la India rural y factor clave en el desarrollo de discapacidades. Asimismo, según cuenta K. Narendra, profesor de biología, “la deficiencia auditiva también puede ser consecuencia de la ingesta de productos para intentar abortar, algo que también sucede habitualmente en las aldeas alejadas de cualquier atención sanitario”.

Estudiar para un futuro
Con todo, la discapacidad nunca es un ancla, como demuestran profesores y alumnos de esta escuela. Nandini, de 12 años, perseguirá su sueño de ser bailarina, pero tiene claro que compaginará sus estudios en Bukkaraya. “A pesar de los nervios estos días, me gusta mucho estudiar”. Raviteja, de 15, es un alumno muy aplicado y cree que, hasta ahora, los exámenes han ido muy bien. En el futuro, desearía ser profesor en la misma escuela donde estudia. Estos días, pasa una media de cinco horas estudiando.

Cuando terminen el décimo curso (equivalente al bachillerato en España) la FVF seguirá ofreciendo apoyo a través de becas a aquellos alumnos interesados en continuar sus estudios. Hasta llegar ahí, deben pasar varias veces por estos días de nervios, miedos y tensión, pero ellos nunca fracasan porque es en la lucha diaria cuando uno demuestra el éxito y la superación.