Energía solar para combatir la sequía

  • Más de 1.000 familias se benefician del proyecto de instalación de placas fotovoltaicas que favorecen el ahorro de agua y el cultivo de plantas frutales.

Cosechas perdidas y agricultores a la deriva. Hace menos de un año, la India atravesó unas de las peores sequías de los últimos 30 años. En el distrito de Anantapur, donde gran parte de las familias viven de la agricultura, la situación fue extrema. El monocultivo del cacahuete, ampliamente extendido en la zona, apenas genera beneficios debido a la escasez de lluvias. Pero, ¿y si el mismo sol que seca los cultivos pudiera convertirse en la herramienta más potente contra la desertificación? 

 

Desde el año 2005, la Fundación Vicente Ferrer (FVF) trabaja en la instalación de placas solares con el fin de subministrar la energía necesaria para el funcionamiento de la técnica del riego por goteo. De esta forma, se consigue reducir la dependencia de las lluvias monzónicas para la cosecha. Hasta la actualidad, se han instalado 518 paneles solares en más de 300 pueblos del distrito, de las que se han beneficiado más de 1.000 familias.

 

El principal problema era que cada año había más escasez de agua y las familias sufrían grandes pérdidas”, explica Sathyanaraya Setty, director adjunto del Sector Ecología. Antes de este sistema, muchas familias solo tenían la opción de cultivar cacahuetes y dependían de las lluvias, pero ahora pueden diversificar los cultivos, aclara.

 

En los últimos 18 años, la FVF ha repartido más de 400.000 plantas frutales a las familias beneficiarias. El mango es la fruta más cultivada, pero también destaca el chikoo (fruta tropical), la ciruela, la sandía o la guayaba como cultivo alternativo al cacahuete. “La elección de estas plantas se debe porque necesitan poca agua”, añade Setty.

 

Los beneficios del uso de placas solares van más allá del ahorro en consumo de agua. A su vez, también generan un incremento de ingresos y grandes ventajas en los hogares de las familias más empobrecidas.Este sistema ofrece una mayor calidad de vida a las familias y permite una mejor educación para sus hijos”, confirma Setty.  

 

En la aldea de Dorigallu, en la región de Mudigubba Mandal, hay 12 placas solares instaladas que benefician a 48 familias. Entre ellas, se encuentra la familia de Sivanna, con una plantación de 200 árboles de mango cultivados en un terreno inferior a una hectárea. “Antes del mango, cultivábamos cacahuete y teníamos que pedir préstamos cuando había época de sequía. Ahora siempre tenemos una buena cosecha y ya no pasamos hambre. Incluso podemos ahorrar algo de dinero, explica. Su vecina y amiga Bandi añade que gracias a este sistema pudo ahorrar el dinero suficiente para construir una casa para su familia y pagar la educación de sus hijos e hijas. “Con los cacahuetes, no podíamos ahorrar nada”, puntualiza.

 

En el pueblo de Raganapalli, en la región de Kadiri, otras familias han incorporado más recientemente las placas solares. Manjula pasea por su plantación de sandía mientras da pequeños golpecitos a sus frutos aclarando que su recogida será a finales de abril. Además, tiene plantaciones de flores, arroz, mangos y cacahuetes. “Trabajamos mucho aprovechando las horas de sol, desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde. Cuanto más calienta el sol, más energía se genera para regar las plantaciones. Ahora no dependemos de la electricidad ni de la lluvia, explica.  Tanto ella, como su marido, Govinda Reddy, se muestran orgullosos y optimistas para los próximos años y añaden que en dos años quieren aumentar su producción cultivando tomates y pepinos. 

 

El cuñado de Manjula, Jayachandra Reddy, cultiva mangos y sandias y se muestra también muy contento con los beneficios del sistema: “Antes siempre teníamos que acarrear agua desde muy lejos, era muy duro. Con lo que gano ahora puedo pagar la educación de mis hijos e hijas y hacer un seguro de vida para su futuro”.

 

Desde el 2016, el Gobierno de la India también está colaborando en la instalación de placas solares en las aldeas del distrito. Una iniciativa que, en colaboración con la Fundación Vicente Ferrer, ayuda a paliar los estragos de la sequía en una zona donde depender de las lluvias para las cosechas es una lotería para la vida de los millones de agricultores.

 

Texto: Silvia Muíña.