Empieza el curso de agricultura y ganadería destinado a fomentar la inclusión de los jóvenes con discapacidad

  • Cultivar el huerto y cuidar del ganado son algunas de las actividades que incentiva un nuevo programa de capacitación profesional.

Aquí, si no puedes ayudar en casa, te conviertes en una dura carga”. Esta frase tan recurrente en las zonas rurales determina, muy a menudo, la calidad de vida y el desarrollo de las personas con discapacidad.

 

En la India hay 27 millones de personas con diversidad funcional. En un entorno rural como el distrito de Anantapur, la dificultad para contribuir en la economía familiar convierte a las personas con discapacidad en víctimas de una severa discriminación.

 

Los Centros para Menores con Discapacidad Intelectual de la FVF cuentan desde hace años con un proyecto de Capacitación Profesional para impulsar la autonomía e inclusión de este colectivo a través de un oficio adecuado al entorno y contexto en el que conviven. En Kanekal, un total de 36 chicos y 34 chicas de entre 11 y 25 años han iniciado este año un curso de capacitación profesional enfocado al desarrollo de tareas agrícolas y ganaderas, principal forma de subsistencia de la zona. Además de potenciar sus habilidades psíquicas y físicas, el objetivo de esta formación es fomentar su autonomía personal.

 

La voluntaria Marta García ha sido la responsable de implantar este programa. “Aquí hemos empezado desde cero. A pesar de que el centro ya contaba con un pequeño huerto, hasta ahora se utilizaba solo como recreo. La implantación del curso ha fluido de manera muy sencilla y eficiente debido a la buena comunicación con el personal local”, asegura. Limpiar y cultivar el huerto, cuidar, alimentar u ordeñar el ganado de búfalas y cabras son algunas de las actividades diarias que aprenden estos jóvenes en el campo, siguiendo las instrucciones de los cuatro profesores locales.

 

A pesar del poco tiempo que lleva puesto en marcha este curso, Navya coordinadora del centro, relata con gran satisfacción un caso sorprendente de recuperación. “Recuerdo un alumno que llegó a alcanzar un grado de independencia e integración tan alto que quisimos ofrecerle una plaza de trabajo remunerado como instructor. Sorprendentemente, sus padres nos pidieron que no lo hiciéramos, pues el joven se había vuelto imprescindible para las labores agrícolas de la familia”. Lo que más valora Navya del conjunto del proyecto es “haber conseguido que los padres se sientan orgullosos de sus hijos y comprueben que las discapacidades no les impiden poder participar en actividades deportivas y culturales”.

 

La vida en el centro empieza cada día con una clase de yoga que ayuda a los menores a mejorar su movilidad y a afrontar la jornada con calma. Las tareas agrícolas se combinan también con lecciones en el aula. “Trabajamos siempre con grupos pequeños para ser más efectivos y dar una mejor atención. La única dificultad a la que nos enfrenamos es la de retener la atención de las alumnas y alumnos en el aula, ya que en su mayoría se sienten mucho más cómodos en el exterior, como están habituados a vivir en sus casas”.  

 

Dasarath Ramadu, director del Sector Personas con Discapacidad de la FVF, apunta a una meta clara: conseguir que las y los jóvenes adquieran competencias que sirvan para su desarrollo profesional y social: Queremos que cuando salgan de aquí puedan convertirse en miembros activos de la economía familiar y en personas autónomas”.

 

Texto: Fátima Yráyzoz Aranda