Anantapur forma a más de 350 enfermeras

  • Hace 40 años había una enfermera por cada 8.000 habitantes en Anantapur, hoy hay una cada 1.500
  • La OMS sitúa a la India como uno de los 60 países con escasez crítica de personal sanitario

Cuando en 1871 la enfermera británica Florence Nightingale abrió la primera Escuela de Enfermería en Madras -un curso de seis meses al que acudieron cuatro estudiantes- no se imaginaba que sentaría precedente. Ya a comienzos del siglo XX las escuelas de enfermería proliferaban por toda la India, pero en un país de 1.250 millones de personas hacen falta muchas enfermeras para dotar de personal al sistema sanitario.

El Informe Mundial de Salud de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sitúa a la India como uno de los 60 países con “escasez crítica de personal sanitario”. Por eso, en 2005 el Gobierno lanzó la Misión Nacional de Salud Rural (NRHM por sus siglas en inglés) gracias al cual actualmente se gradúan cada año 279.000 enfermeras en 7.400 escuelas de todo el país.

 

Personal sanitario para la India rural
La Fundación Vicente Ferrer (FVF) puso en marcha una de estas escuelas en las instalaciones del Hospital General de Bathalapalli en agosto de 2004.  Nueve promociones después, y 360 jóvenes enfermeras formadas, la FVF está preparada para dotar de capital humano hospitales y clínicas rurales.

Cada promoción está compuesta por 40 chicas: el Gobierno selecciona a 24 y la Fundación a 16, a quienes otorga una beca para sufragar parte el coste de la diplomatura.

Para elegir entre las más de 100 solicitudes que reciben cada mes de julio recurren a  las calificaciones de sus estudios previos, un examen de conocimiento general, la situación socio-económica y una entrevista personal. “Las becas ayudan a los mejores estudiantes”, nos cuenta la Hermana Thomas, directora del centro.

Una de las catorce docentes con que cuenta el centro, Neeraja Makirani, estudió enfermería en la universidad y ahora imparte clases a las estudiantes de tercer curso, “las alumnas están muy motivadas”, destaca. Cuando llegan, a los 18 años, les esperan tres años de formación en ciencias, biología y enfermería, que complementan con otras materias como economía y administración. Después, y durante seis meses, se incorporan a la rutina diaria del hospital trabajando con el equipo de enfermería “con completa autonomía y probándose a sí mismas”.

Los exámenes oficiales se realizan en el Colegio de Médicos de Anantapur y una vez graduadas, se las conoce como GNM (General Nurse Midwife), un título homologado por el Consejo Indio de Enfermería que las acredita como enfermeras generales y matronas. “En la India no existen especialidades” nos aclara la directora. Si quieren seguir formándose, el siguiente paso es la universidad.

Paula, enfermera cooperante en la Unidad de Cuidados Neonatales, subraya la buena reputación que tienen las estudiantes de la Fundación en la zona, “tienen fama de ser muy válidas”. Lo cierto es que la formación que reciben estas enfermeras contempla más horas de prácticas que los programas del Gobierno.

En el despacho de la Hermana Thomas se puede leer el lema del curso 2014-2015 “Tratar de lograr estándares uniformes en la educación de enfermería”. Alcanzar el rigor es un reto. En Anantapur hay 15 escuelas más de enfermería.

 

Trabajar en Anantapur
Hasta el año pasado, las enfermeras recién tituladas trabajaban en uno de los tres hospitales de la FVF un mínimo de dos años. Actualmente, “el 50% de las alumnas se queda” nos explica Neeraja. Es el caso de Rawanjinamma, una estudiante en prácticas becada por la Fundación: “quiero trabajar en Bathalapalli y después volver a la clínica de mi pueblo”.

Contar con profesionales formados es un compromiso de responsabilidad mutua que beneficia a ambas partes. Las enfermeras recién tituladas logran un puesto de trabajo y la Fundación se asegura un nutrido equipo de personal sanitario. Además, paliar la falta de personal contribuye al cumplimiento de uno de los pilares básicos del programa sanitario de la Fundación: “articular una red sanitaria rural que logre una cobertura básica”.

El propósito de formarlas es desarrollar sus capacidades y destrezas. El desafío, trabajar la empatía ante las necesidades del paciente. Adriana, enfermera voluntaria en el Hospital de Bathalapalli, ve la escuela como una oportunidad para impulsar las habilidades y la capacitación profesional de una generación a otra “estarán más seguras, tendrán más conocimiento y podrán enseñar también a otras estudiantes”. En definitiva, una oportunidad de empoderamiento a través de la educación y de emancipación a través del trabajo.