Ahogados por la sequía

  • El 70% de las familias que vive del campo se ve obligada a acudir a prestamistas
  • Chinna y Sarojamma han salvado sus cosechas gracias al riego por goteo y calculan que en tres años saldarán su deuda

La incertidumbre, más que la propia sequía, es el mayor temor de los campesinos de Anantapur. Prácticamente todos sus habitantes viven de los cultivos, pero no siempre pueden recoger lo suficiente para vivir. Ni siquiera para recuperar lo invertido. El 70% de las familias agricultoras está endeudada, explica Lakshmi Reedy, líder de equipo de Ecología en el área de Madakasira. Campesinos como Chinna Ajjineyulu, casado con Sarojamma y con tres hijos pequeños, ahorran cada año para pagar los intereses de una deuda que adquirieron hace tres años. “Los prestamistas te dejan en paz si, al menos, vas pagando los intereses”, explica Chinna. Por cada 100 rupias prestadas, añaden un interés que varía entre las 3 y las 5 rupias.

La única manera de salir de esta espiral es lograr buenas cosechas que permitan devolver lo prestado. Pero la sequía y la erosión de la tierra de Andhra Pradesh no garantizan estos resultados. Chinna y Sarojamma han incorporado el riego por goteo, lo que les ha permitido ampliar y diversificar sus cultivos, al mismo tiempo que ha podido ahorrar agua a través de uno de los proyectos del Sector Ecología de la Fundación Vicente Ferrer (FVF). Además, aún tienen tiempo para llevar a pastar al ganado que le ha proporcionado la Fundación. De este modo pueden vender su leche y evitar así la dependencia total de la agricultura. Calculan que en tres años habrán saldado totalmente su deuda.

 

Los préstamos, una losa para los agricultores

Hasta el momento, 10.000 campesinos se han acogido a estas iniciativas de la FVF en Anantapur. Pero aún quedan muchos que no pueden salir adelante tras hacer frente a los gastos que supone comprar las semillas para cosechar. Unas veces es la falta de lluvia la que perjudica la cosecha y otras todo lo contrario; el excedente de producto, que hace bajar los precios en el mercado. Esto les convierte en carne de cañón para los prestamistas.

El perfil del prestamista es de lo más variado; desde terratenientes hasta comités gestores de templos, pasando por grupos organizados que vienen de la ciudad. En ocasiones, los agricultores tienen que recurrir a varios de ellos a la vez para sufragar la cadena de deudas. Según cuenta el líder de Sector Ecología, el 30% de las niñas y niños son enviados a grandes ciudades a trabajar en cuanto cumplen los 14 años (edad legal para incorporarse al mercado laboral en la India). Sus padres necesitan este apoyo económico porque los sueldos en la urbe son mucho más altos. Los jóvenes hipotecan su futuro y se convierten en herederos del círculo vicioso en el que han entrado sus progenitores. 

En ocasiones, los campesinos llegan a acabar con su vida. ¿Por qué alguien llega al extremo de suicidarse? Por dignidad, asegura Lakshmi Reedy, “por las amenazas de los prestamistas, por las críticas de los vecinos, porque no ven salida, porque se avergüenzan de no poder sacar adelante a la familia”.

Los efectos de la sequía en Andhra Pradesh van más allá de devastar los cultivos. Arruinan la vida de millones de familias que se ven ahogadas por las deudas y el hambre. Como ocurre en tantas ocasiones, la vergüenza les paraliza y huyen de su drama recurriendo a la muerte. Por eso, el apoyo a los campesinos se ha convertido en una prioridad para la Fundación.