Agua saludable, no solo limpia

  • La FVF trabaja en la instalación de plantas purificadoras para mejorar la salud de la población
  • La intensa explotación de los acuíferos favorece la presencia excesiva de minerales en el agua de consumo

En la India rural, para conseguir agua limpia hay que moverse. Los grifos no suelen  estar dentro de las viviendas, sino más bien en puntos de recogida comunitarios. A diario, o cada dos días, las familias se desplazan para llenar cubos o vasijas que transportan como pueden: encima de la cabeza, en la cintura, en bici o en moto. Los vecinos suelen consumir unos 50 litros por persona y día, lo que incluye beber, ducharse, cocinar y lavar los cacharros, de manera que vivir cerca de un grifo es tener fortuna. También el agua hace su particular recorrido, normalmente bajo tierra: según un estudio del Instituto Internacional de Gestión del Agua, un 80% de las necesidades domésticas de agua de la India rural se cubren con recursos subterráneos.

Muy probablemente este porcentaje sea superior en el distrito de Anantapur, en el estado de Andhra Pradesh, la segunda zona más árida del país y donde trabaja la Fundación Vicente Ferrer (FVF) desde 1969. En Anantapur encontrar una fuente es una quimera y el agua necesaria para el consumo humano, agrícola o ganadero se suele bombear desde profundos acuíferos. Pero no solo se trata de conseguir que salga por el grifo. En los últimos años tanto los vecinos, como los gobiernos, como las organizaciones que trabajan sobre el terreno se han dado cuenta de que agua subterránea aparentemente limpia no tiene por qué ser sinónimo de agua saludable.

Así, cada vez es más evidente que la importante explotación de los acuíferos, sumada a las características de la tierra, deriva en la presencia de elevadas concentraciones de minerales en el agua de consumo, como los fluoruros o las sales. Esto no tiene consecuencias graves de forma inmediata, pero puede acabar siendo seriamente perjudicial para la salud a medio plazo: problemas dentales, dolencias articulares, patologías renales o gástricas, anemia, malformaciones óseas durante la infancia o bajo peso al nacer son algunos de los efectos inicialmente invisibles.

En 2012 la FVF empezó a actuar en este ámbito, como también lo está haciendo el Gobierno de Andhra Pradesh. La solución es clara: instalar plantas purificadoras, que además de garantizar una concentración equilibrada de minerales, aseguran que el agua esté libre de microorganismos. Estos pueden aparecer por la filtración de residuos humanos o industriales, arrastrados hasta los acuíferos especialmente en la época del monzón, o bien por un deficiente mantenimiento de las canalizaciones o depósitos.

Hasta la fecha, la FVF ha instalado una treintena de plantas que cada día suministran agua de calidad a entre 14.000 y 15.000 personas. En casi la mitad de los casos el proyecto se ha llevado a cabo en colaboración con el gobierno estatal y siempre se ha procurado realizar acciones paralelas de concienciación. Actualmente está en camino una nueva planta en Chintarlapalli, en el área de Settur, y el trabajo continúa para conseguir que más vecinos consuman agua saludable.

Precio asequible y gestión comunitaria

Ananthamma Pujari tiene 49 años y vive en la localidad de Roddam, en la zona sur del distrito de Anantapur. Hace un año, a petición de vecinos y representantes regionales, en esta aldea se instaló una planta donde regularmente acuden cerca de un millar de familias de más de una decena de pueblos. El Gobierno de Andhra Pradesh construyó el edificio y dispuso una bomba de agua, mientras que la FVF se ocupó de la máquina de purificación. Ananthamma lleva esta mañana en la cabeza una vasija de 15 litros que le ha costado 2 rupias, y por la tarde repetirá. Al final del día se habrá gastado menos de medio euro en agua saludable, que administrará con cuidado: “Esta agua es solo para beber y para cocinar el arroz sin que salga amarillo”, cuenta satisfecha.

También Balasandram Subbamma, 27 años, con dos hijas y perteneciente a una comunidad desfavorecida, recorre cada día a pie el quilómetro y medio que separa su casa de la nueva planta de Roddam con el objetivo de llenar una vasija de 15 litros que carga en su cintura. “Tenía problemas musculares y me dolían las articulaciones. En el último año he mejorado mucho”, cuenta. “Antes, en este pueblo, únicamente quienes tenían dinero podían conseguir agua saludable y ahora no es así”, añade. Se refiere a la existencia de plantas de purificación privadas que cobran el agua a un precio más alto.  

Tanto en Roddam como en el resto instalaciones que financia total o parcialmente, la Fundación pone como condición la gestión comunitaria, que se vehicula mediante el llamado Comité de Desarrollo del Agua. Se trata de un grupo de vecinas y vecinos que, independientemente de su pertenencia a una comunidad desfavorecida o a otra más acomodada, se ofrecen a trabajar de forma voluntaria para el funcionamiento de la planta. Esto incluye decidir su sistema tarifario, contratar a la persona que mantiene la maquinaria y abrir una cuenta desde donde gestionar los pagos y generar ahorros. En el caso de Roddam, la demanda se ha triplicado en un año y el Comité está estudiando utilizar el dinero ahorrado para comprar un auto-rickshaw que permita transportar el agua a quienes viven más lejos a un precio razonable.

La falta de lluvias en Anantapur es un círculo vicioso con muchos efectos, uno de ellos es el aprovechamiento de los acuíferos que empeoran la calidad del agua. Y el trabajo de la FVF, que actúa y evoluciona para mejorar la vida de quienes más sufren, también incluye procurar que beber agua sea sinónimo de salud y no de enfermedad.