Shakunthala: “Lo más difícil para una víctima de redes mafiosas es convencerla de que la vida merece la pena a pesar del dolor infligido”

  • Ofrece apoyo a víctimas de redes de prostitución en el Centro de Asesoramiento de Kadiri, en Anantapur, por el que pasan cada año unas 200 mujeres
  • Muchas de ellas han sido vendidas como mercancía por sus propios maridos o sus padres

Entró a formar parte de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) hace más de diez años. Shakunthala  se ha convertido en la aliada de un colectivo extremadamente vulnerable: las mujeres prostituidas. Una vez que dan el paso de buscar ayuda, Shakunthala se limita a escucharlas con paciencia durante varias jornadas. Por sus años de experiencia sabe que atravesarán varias fases. Comienzan ocultando la realidad, poco a poco asimilan que pueden agarrarse sin miedo a una mano tendida. Entonces hablan, lloran, se desahogan. Y es aquí cuando empieza la recuperación. Aún les queda mucho para dar el paso siguiente: el de convencerse de que hay una vida que merece la pena ser vivida a pesar del dolor infligido. Muchas llegan a la prostitución engañadas por sus propios padres o maridos, así que es fácil deducir cómo ha afectado esto a su autoestima. Shakunthala es mucho más que una asesora social, es una portadora de esperanza. “Y eso es porque sé escuchar y porque no juzgo a nadie”.

¿Por qué la población de Kadiri es tan vulnerable a la migración?

Por tres motivos fundamentales, por la pobreza extrema, por la falta de alternativas laborales y porque está en una zona fronteriza donde operan las mafias que trafican con personas.

¿Por qué empezó a trabajar la FVF en este territorio?

Precisamente por ese alto índice de migración femenina, de prostitución, de VIH y de tráfico ilegal de mujeres y adolescentes. Trabajamos en la prevención y en la reinserción.

¿Cómo se acercan a ellas?

Es complicado, la mayoría siente vergüenza y no ven salida. Los Grupos Organizadores de la FVF hacen un rastreo previo, un acercamiento sutil en el que les explican quiénes somos. Les dan nuestro teléfono para que sepan que pueden acudir a nosotros si nos necesitan.

Y cuando llaman es cuando las atiendes. ¿En qué estado llegan cuando entran en su despacho?

Deprimidas, muchas con ganas de quitarse la vida. Al principio todas tratan de ocultar la verdad porque les avergüenza. Mi trabajo consiste en escucharlas cuando quieren hablar y en convencerlas de que siempre hay una salida.

Una vez recuperadas, ¿cómo superan el estigma en su aldea?

En el centro les decimos que hay comentarios que deben ser ignorados una vez han recuperado la ilusión de vivir. Pero lo que realmente les da fuerza es escuchar la experiencia de otras mujeres que han pasado por lo mismo.

Cada año pasan por el Centro de Asesoramiento unas 200 mujeres con edades comprendidas entre los 18 y los 35 años.  El tiempo que permanecen en él depende de cada caso. Unas necesitan dos o tres meses para recuperar la confianza en sí mismas, otras dos años.

El objetivo final de la FVF es paliar los altos índices de prostitución femenina y para ello trabajan en la sensibilización y en las alternativas laborales. Una vez recuperada la autoestima y convencidas de su capacidad, emprenden un aprendizaje en el Centro de Formación de Gandlapenta. Allí hay un total de seis talleres: fabricación de barritas de incienso, de compresas, de desinfectante natural, y tres más de encuadernación, costura y bordado. Este aprendizaje les proporciona un sustento para una nueva vida.