Durgamma: "Cuando mi hija mayor se casó, mi propia familia me impidió estar a su lado"

Durgamma vive en Pandikunta, un pequeño pueblo del distrito de Anantapur, con la menor de sus hijas. Hace nueve años que su marido falleció por un ataque de corazón, quedándose ella sola al frente de la familia. Desde entonces, ha tenido que soportar las supersticiones de sus vecinos y amigos que consideraban que traía mala suerte por haber enviudado. Sin el apoyo de su familia, Durgamma terminó sus estudios, consiguió un préstamo del fondo de desarrollo para la mujer de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) y ahora trabaja como agricultora y ayudante de guardería. El estigma social ha sido su mayor obstáculo, pero confía en que luchando esto puede cambiar.

 

¿A qué te dedicabas antes del fallecimiento de tu marido?

Ambos nos dedicábamos al campo, cultivando las tierras de otros terratenientes. A veces él trabajaba como profesor sustituto, pero cuando no había bajas, se dedicaba al cultivo de la tierra. Murió hace nueve años de un ataque al corazón y, desde entonces, he tenido que hacer frente sola al cuidado de mis hijos, dos mujeres y un varón. Ha sido muy difícil porque ni la familia de mi marido ni la mía me apoyaron en nada.

 

¿A qué te dedicas ahora?

Pedí un préstamo del fondo de desarrollo de la mujer de la FVF para comprar cabras. Ahora las alimento y las vendo al doble del precio que las compré. También trabajo en el campo, en las tierras de un terrateniente. Sin embargo, dedico la mayor parte de mi tiempo al trabajo de ayudante de guardería. Por la mañana, voy a buscar a los niños y niñas para ir al centro, les doy el desayuno y les preparo y sirvo el almuerzo más tarde.

 

¿Cómo cambió tu vida desde que enviudaste?

Lo más difícil de superar fueron las creencias y supersticiones que la gente tenía y todavía tiene hacia mí. Madrugo mucho para ir al campo porque si la gente me encuentra por la mañana, piensa que el día irá mal. He dejado de asistir a eventos y bodas porque, si no sale bien, me culpan de ello. Cuando mi hija mayor se casó, mi propia familia me impidió estar a su lado en la boda porque creían que podía ser perjudicial para ella y para su marido. Es muy difícil luchar contra las creencias de gente que te ataca solo porque tu marido murió.

 

Pero ahora es un poco distinto…

Sí, ha cambiado un poco. Algunos vecinos me permiten entrar en sus casas. Recibí el apoyo de mis tres hijos desde el primer momento. Mi hijo mayor, que estudia ingeniería, me animó a terminar el décimo curso para que tuviera los estudios básicos. Ahora mi hija pequeña quiere ir a la Universidad y yo quiero poder pagarle esa educación. Ellos insisten en que lo primero es que yo me encuentre bien y que pueden conseguir becas del Gobierno para continuar sus estudios, pero estoy trabajando para darles un futuro.

 

¿Qué pensabas de las viudas antes de que tu marido muriera?

No tenía ni idea de que se trataran de esa manera. Ser viuda me ha hecho comprender la situación de otra manera. Ahora soy yo, pero en el futuro puede ser otra. No pienso hacer caso a las supersticiones y creencias sobre la mala suerte. Creo que en la generación de mi hija será distinto, este estigma puede desaparecer, pero para ello hay que luchar.

 

Texto: Irene G. Dugo.