Moncho Ferrer
Es director de Programas de la Fundación Vicente Ferrer. Segundo de los tres hijos que tuvieron Vicente y Anna, Moncho Ferrer nació en Anantapur como sus hermanas Yamuna y Tara. En 1984 se trasladó a estudiar a la Koidakanal International School, una escuela especializada en cultura asiática y occidental. Posteriormente se licenció en Relaciones Internacionales y es máster en Diplomacia. Con 26 años regresó a Anantapur para seguir la senda que emprendieron sus progenitores.

La educación en igualdad; la única vacuna posible contra el patriarcado

Familia Ferrer

La violencia contra las mujeres debería representar una de las mayores vergüenzas para los hombres. Es el síntoma de una sociedad que sigue siendo patriarcal, una pandemia que no tiene fronteras y que hay que abordar de manera transversal para conseguir su completa erradicación. Y desgraciadamente, hemos de reconocer como sociedad, que estamos todavía lejos de consolidar dicho objetivo. Solo juntando fuerzas podemos ir transformando poco a poco las políticas, la conciencia colectiva y la opinión pública en general.

La lucha contra las agresiones a la mujer es una prioridad para la Fundación Vicente Ferrer, y por eso, involucramos a todos nuestros sectores de trabajo en esta causa. Las leyes de la India protegen a la mujer con normativas ajustadas para proteger sus derechos. Estos problemas son, entre otros, los abortos selectivos, los matrimonios infantiles, la violencia por dote, las agresiones sexuales.

Cuando mis padres, Vicente y Anna, llegaron a Anantapur, las mujeres apenas salían de casa, si querías hablar con ellas tenías que hacerlo a través de sus maridos y no consideraban necesario que las niñas fueran al colegio porque su objetivo era perpetuar este papel de servidora del hogar y la familia. En la actualidad hay más de 8.000 asociaciones de mujeres que se reúnen periódicamente para debatir su papel en la familia y en la sociedad. Hoy, en Anantapur nadie cuestiona que las niñas tengan el derecho y el deber de estudiar. Cada año, el 8 de marzo organizan manifestaciones, alzan la voz con lemas que remueven conciencias e invitan a la reflexión. La mujer de la India está protagonizando un cambio real y está invitando al hombre a sumarse a él para no quedarse atrás. La mujer es la fuerza del cambio en la India rural y cada vez es más necesario su protagonismo en ese proyecto tan ambicioso que es la erradicación de la pobreza en el país con la mayor población en exclusión social de todo el mundo, 300 millones de personas.

Las sociedades son fuertes en la medida que su gente lo es. No podemos renunciar a la mitad de la población para prosperar en humanismo, en investigación, en ciencia, en economía, en política, en derechos y libertades. La igualdad se convierte así en un elemento básico de la convivencia y supervivencia de la humanidad. Ninguna sociedad está en condiciones de evolucionar si excluye a la mitad de su potencial. Los hombres tienen que convencerse de que someter y discriminar a una mujer es menospreciar toda la capacidad y energía que tenemos como humanos y como sociedad.

En este contexto, la India no es una excepción. En este país se mantienen prácticas como el matrimonio infantil. Nuestra organización está trabajando con el Gobierno de la India para la gestión de las denuncias contra las bodas prematuras y hemos puesto en marcha la Childline, un equipo especializado dedicado a recoger llamadas y a concienciar sobre los daños irreversibles que provoca esta práctica.

El matrimonio infantil tiene relación directa con el abandono escolar de las niñas, con la violencia en el ámbito del hogar, con los embarazos precoces y, en general, con la salud de las niñas. Por eso, este proyecto se suma a otras muchas líneas de trabajo de la Fundación Vicente Ferrer para promover el respeto a la mujer, trabajar en su autoestima, apoyar la educación y la emprendeduría con el objetivo de que, a través de sus propios negocios, consigan la emancipación económica.

Pero todas estas medidas para lograr la plena integración de la mujer se resumen en una sola: la educación en igualdad, la única vacuna posible contra el patriarcado.