Obulamma: “Nos da mucha pena dejar los hogares donde han vivido nuestras familias”
Pese a su delgadez, Obulamma es una mujer fuerte. Perder a su marido y contraer el VIH no ha medrado sus fuerzas y a sus 40 años estrena la casa que ella misma ha ayudado a construir. No deja de sonreír mientras explica que durante un año ha sido capaz de combinarlo con su trabajo en el campo como jornalera. “Ha sido muy duro trabajar y ayudar a construir la casa pero ha merecido la pena”, asegura.
Obulamma forma parte de una de las 349 familias de Tabjulla, un recóndito pueblo que tiene, literalmente, “los días contados”. Su ubicación en el curso del río Pennar, convierte este punto en una zona clave para frenar las aguas torrenciales que se desperdician del monzón. Por ello, el próximo mes de junio, esta aldea quedará inundada bajo las aguas de una nueva presa construida por el Gobierno en un ambicioso plan para frenar la desertización del distrito
A pesar de que su casa quedará cubierta por el agua, Obulamma no está preocupada. Gracias a un acuerdo sin precedentes del Gobierno de Andhra Pradesh y la Fundación Vicente Ferrer (FVF) se ha construido una nueva colonia de viviendas en la parte alta del embalse para reubicar a todos los vecinos. El nuevo pueblo de Tabjulla cuenta ya con una escuela pública y, en un año, la Fundación construirá una escuela de refuerzo.
“El dinero con el que nos indemnizó el Gobierno no es suficiente para construirnos una nueva casa… ¿qué hubiera sido de nosotros sin estas ayudas de la Fundación?”, se pregunta Obulamma, mientras hace cálculos para explicar a los presentes qué se puede hacer con 53.000 Rs. (unos 800 euros), la cantidad entregada por el Gobierno. Es una de las primeras veces que los beneficiarios de las viviendas de la FVF han solicitado la construcción de cuartos de baño. “Antes, cuando quería ducharme, tenía que ir por la noche entre arbustos llenos de pinchos y serpientes”, explica la mujer. “Es algo cultural, lo normal es ducharse y hacer las necesidades en el campo, pero en esta zona es complicado porque no hay apenas vegetación. Sin cuarto de baño, las mujeres tienen que pasar hasta 10 días sin lavarse. Con una mayor higiene y un buen sistema de saneamiento se puede reducir la presencia de parásitos, tifus, malaria, dengue y encefalitis japonesa”, comenta Sudheer, director regional de Bukkaraya Samudram.
“Antes teníamos que ir muy lejos para buscar agua, pero ahora tenemos agua corriente delante de nuestras casas”, añade la mujer, refiriéndose a la aportación del Gobierno para la provisión de agua corriente y electricidad en la colonia. El embalse proveerá de agua para regadío a la árida zona de Tadipatri. Así, permitirá acumular 51 millones de metros cúbicos y rellenar los acuíferos hasta 10 km alrededor de la presa. “Aquí se cultivan cacahuetes y frutas como la naranja, la sapota o la ciruela. Este año la sequía ha destrozado el 100% de los cultivos de cacahuete y no se ha podido recoger nada”, explica Sudheer. De hecho, tampoco se ha podido plantar el segundo cultivo previsto.
El marido de Obulamma murió en 2006. Entonces ella se enteró de que tenía el VIH, comenzó el tratamiento y siguió trabajando. “No podía hacer otra cosa, tenía que luchar por mi hija. No ha sido fácil. Soy jornalera. Algunos trabajos son muy duros y no siempre tengo suficiente energía, y cuando estoy bien de salud, no siempre hay trabajo”, afirma la mujer, refiriéndose a la constante sequía que afecta a estas tierras y sus habitantes.
“En el Hospital de VIH/SIDA de la Fundación estoy recibiendo el tratamiento de antirretrovirales y me dan alimentos cuando no puedo trabajar”, explica Obulamma mientras prepara la comida. “Ahora, además podré tener mejor higiene gracias al cuarto de baño y con la nueva presa habrá mejores cosechas. En mi nueva casa tendré más trabajo y mejor salud”, afirma Obulamma mientras prepara la comida. Hace dos meses que se trasladó con la ayuda de carros de bueyes. Su hija y el marido de ésta se mudarán con ella cuando concluyan los rituales de su reciente boda. Muchos de los vecinos ya viven en las nuevas casas, que se entregaron en agosto, y el resto se trasladarán el próximo mes. “A todos los vecinos nos da mucha pena dejar los hogares donde han vivido nuestras familias desde hace 200 años, pero no hay otra solución. Sabemos que esta presa mejorará en el futuro la vida de nuestros hijos”, explica.
