Lathamma: “Abandoné a mi hija porque pensaba que era una maldición”

Descripción de la imagen

La luna se puso delante del sol y Lathamma, una mujer dálit de 22 años, igual que el resto de su familia, creyó que fue una serpiente quien se comió al astro solar. Probablemente nada extraño hubiera pasado si la mujer, perteneciente a la casta más desfavorecida de la India, no hubiera abandonado la escuela cuando era tan sólo una niña, ni si aquel día, cuando estaba embarazada de su primera hija, la pobreza no la hubiera empujado a salir a la calle para llevar un jornal a casa. Pero la joven madre tuvo que enfrentarse al peso de la superstición.

“Al ver a mi hija pensé que era un demonio”, recuerda Lathamma, avergonzada. El labio leporino y la fisura en el paladar con la que nació su hija el 21 de julio de hace dos años hizo pensar a sus padres que se trataba de una maldición, algo que asociaron con que la mujer hubiese salido a la calle durante un eclipse de sol. Según una antigua superstición, los días de eclipse las mujeres embarazadas deben permanecer en sus casas para que no les toque la luz o, de lo contrario, los hijos que portan nacerán con problemas. Pero Lathamma había migrado a Bangalore para trabajar en una fábrica y para ella quedarse en casa no era una opción. Al ver a la niña, los padres la repudiaron y, empujados también por sus familiares y vecinos, decidieron enterrarla bajo la sombra de un árbol. Cuando lo estaban haciendo escucharon que se acercaba gente y huyeron dejándola bajo tierra hasta la altura del cuello.

Fue su llanto lo que llamó la atención de los perros de unos pastores y éstos descubrieron a la pequeña y la llevaron al hospital de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) en la localidad de Kalyandurg. Allí, la dentista venezolana Mylena García, que colabora desde hace cuatro años con la FVF a través de Dentistas Sin Fronteras, atendió a la pequeña. “Llegó muy débil y con la piel quemada. No se sabe cuánto tiempo pasó enterrada”, explica Mylena, todavía consternada cuando recuerda el momento en que vio a la niña. “Fue casi un milagro que sobreviviera porque en esas condiciones no podía comer. Entonces los dentistas del hospital no sabían hacer la prótesis que ella necesitaba, algo en lo que llevo años trabajando. Para nuestra sorpresa, descubrimos que en el hospital teníamos todo lo necesario para hacerle una prótesis temporal”, detalla la dentista.

Los padres de la niña, que habían huido, fueron llevados de nuevo hasta el hospital para convencerles de que su hija era normal. Tras varios días de charlas con el trabajador social y el personal del hospital, los progenitores de la pequeña empezaron a cogerle cariño y el vínculo entre madre e hija brotó de nuevo. Lathamma no se despegó de su hija cuando la Fundación la envió a un hospital de Bangalore para que le reconstruyesen el paladar y el labio. Tras la operación, que fue un éxito, la niña fue trasladada de nuevo a Kalyandurg, donde pasó cuatro meses de recuperación junto a sus padres. Después de ese tiempo, Lathamma asegura que “no la querían abandonar” y, arrepentidos de lo que habían hecho, los padres se comprometieron a cuidar con sumo esmero de su hija. A su vez, la doctora García decidió apadrinar a la pequeña para contribuir en su educación y en el desarrollo de la familia. Poco después, como en un acto de revelación contra la creencia que casi acaba con la vida de su hija, los padres bautizaron a la niña con el nombre de Sandhya, que en sánscrito significa “puesta de sol”.

Pensamos que la sociedad no aceptaría a nuestra hija y que no conseguiríamos casarla”, explica Lathamma con la pequeña en sus brazos, todavía intentando justificarse. La mujer abandonó el colegio a los 12 años y ahora ella y su marido, 10 años mayor, viven en una aldea remota. Todavía hoy las supersticiones y los ritos más antiguos marcan el ritmo diario de miles de personas en la India rural. Hasta el punto de cambiar su destino. Así le pasó a Sandhya.

El poder de la superstición
Cuando la Fundación inició su trabajo en el distrito de Anantapur en los años 70, la mayoría de la población pensaba que enfermedades como el sarampión estaban causadas por una diosa y tan sólo se podían curar a través de una serie de prácticas rituales. En este sentido, la educación, la concienciación y el acceso a la sanidad han sido básicos para luchar contra las supersticiones y llevar la salud, la dignidad y el derecho a la vida hasta las aldeas más remotas. Sin embargo, estas prácticas no están totalmente erradicadas.

Lathamma afirma que desde que regresaron a casa con Sandhya ya no creen en la superstición de la serpiente y el sol. “Cuando iba a nacer nuestra segunda niña no teníamos miedo de que tuviera alguna enfermedad porque sabíamos que cualquier problema que tuviera se podría solucionar. Sin embargo, su entorno piensa lo contrario: “Dicen que nuestra hija pequeña nació bien porque no salí a la calle durante un eclipse”. Lathamma recuerda que ella y su marido se pusieron “muy contentos” cuando Sandhya se recuperó y afirma que se arrepintieron de haberla abandonado. Ahora, dice la madre, cuando ven a la pequeña jugar, reír y hacer travesuras, les invade la aflicción al recordar lo ocurrido. Lathamma asegura que si tuviese la oportunidad de hablar con una pareja que esté pasando por la misma situación, les diría que no hiciesen lo mismo que ellos y “que llevasen a su hijo a un hospital para su recuperación”.
 

Aviso Legal | Política de protección de datos | Política de cookies | Contacto | 902 22 29 29
© Fundación Vicente Ferrer. Todos los derechos reservados.