La malnutrición afecta a más de 55 millones de niños y niñas en la India

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© Albert Uriach/FVF

“La malnutrición es una vergüenza nacional”, afirmaba esta semana Manmohan Singh, el primer ministro indio, haciéndose eco de los datos del informe sobre el hambre y la malnutrición que la Fundación Naandi acaba de publicar. En la India 55 millones de niños y niñas menores de cinco años (el equivalente a la población de España y Portugal juntas) sufre bajo peso. A su corta edad ya saben lo que es pasar hambre, y cuando pueden comer, la baja calidad de su dieta no suple sus necesidades alimentarias.

El estudio también revela que el 59% de los niños y niñas menores de cinco años sufre retraso en el crecimiento y el 11% padece malnutrición aguda. Unos niveles que, pese a reducirse año tras año, siguen siendo “inaceptablemente altos”, en palabras del primer ministro. Los niños y niñas que sufren retraso en el crecimiento físico y cognitivo son vulnerables a las enfermedades y no tienen energía suficiente para jugar o aprender como corresponde a su edad. Además, la malnutrición también afecta al rendimiento escolar.

Los datos de la última encuesta nacional sobre salud, realizada en 2006, cifran en un 30% el total de menores de Andhra Pradesh que tiene un peso inferior a la media de su edad. Tras más de 40 años de trabajo de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) en los distritos de Anantapur y Kurnool, la situación ha cambiado radicalmente. “Es difícil ver casos muy graves en Anantapur ya que en la Fundación los atajamos desde el principio”, ha explicado Sirappa, director del Sector de Sanidad de la FVF.

Cuando las mujeres embarazadas acuden a las revisiones ginecológicas se las deriva a uno de los 1.500 grupos que participan en el programa nutrición de la Fundación. Cada dos días 3.300 mujeres y 35.000 niños reciben un huevo y raggi, se les da consejos nutricionales y se les enseña medidas de higiene.

“Con mi sueldo como jornalera no puedo darle a mi hijo una alimentación variada. Gracias a la comida que nos dan en el centro de nutrición veo que mi hijo tiene más energía”, ha explicado Mahalakshmi con su hijo de tres años en su regazo. “Hace unos meses se puso enfermo y la trabajadora sanitaria de la comunidad nos dio vitaminas y hierro para que se recuperase”, ha añadido la mujer.

La pobreza es desigual
“Es necesario entender los vínculos entre educación y salud, entre sanidad e higiene, y dar una respuesta en consecuencia”, ha afirmado Singh en su discurso. El estudio de la Fundación Naandi muestra la relación de la malnutrición con el estatus económico de la familia, la provisión de saneamiento e higiene o el nivel de educación de la madre; de hecho, el 92% de las madres afirma no haber escuchado nunca la palabra malnutrición. La pobreza es desigual y afecta en mayor medida a musulmanes, dálits y tribales.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio marcan como meta reducir la prevalencia de los niños y niñas con bajo peso del actual 42% hasta el 26% de aquí a 2015. Un reto difícil de alcanzar, teniendo en cuenta que las políticas nacionales anteponen la provisión de alimentos subsidiados, tema actualmente en debate en el Gobierno, por encima de la nutrición y la educación en temas de salud. El coste de la malnutrición para el gobierno indio es 27 veces más elevado que la inversión que sería necesaria para su prevención.
 

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