El botiquín rural

  • Más de 1.000 mujeres en todo el distrito de Anantapur se encargan de la atención primaria en los pueblos
  • El Programa de Nutrición de la FVF garantiza el desayuno diario a menores, mujeres embarazadas, ancianos y personas con enfermedades crónicas

Se las identifica por su reluciente vestimenta azul y verde, pero su incidencia en los pueblos va mucho más allá del color de sus saris. Son las trabajadoras sanitarias rurales, todas ellas mujeres, encargadas de ofrecer atención primaria en los pueblos más recónditos del distrito de Anantapur. Llevan un botiquín y numerosos conocimientos y herramientas de sensibilización, claves para cambiar las costumbres que dañan la salud en las zonas rurales. Son trabajadoras de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) del Sector Sanidad, y su labor se extiende ya a más de 900 pueblos.

“El programa de las trabajadoras sanitarias rurales comenzó hace más de 30 años” afirma Sirappa, director del Sector Sanidad Rural. “Antes había personas que nunca acudían a un hospital, ni siquiera para los partos, y tenían graves problemas de salud. Ahora extendemos nuestra labor en todo el distrito de Anantapur, y seguimos creciendo hacia otras zonas rurales”.
 

Botiquines cargados de consejos

Las trabajadoras sanitarias rurales son mujeres de confianza en sus pueblos de origen, elegidas por sus vecinos y vecinas para este cargo. Thalasamma trabaja desde hace 14 años en el pueblo de Narapala. Su rutina comienza temprano, preparando la papilla (agua, caña de azúcar y mijo) y los huevos duros que más tarde distribuye en la escuela, una actividad dentro del Programa de Nutrición de la FVF del que ya se benefician más de 43.000 personas. Durante las primeras horas del día, reparte el desayuno a niños y niñas de hasta cuatro años, mujeres embarazadas, ancianos y personas con enfermedades crónicas. “Lo entregamos en la escuela para que los niños y niñas se acostumbren a venir a este lugar”, afirma Thalasamma.
 

 

Finalizado el desayuno, comienza su ronda de visitas para proporcionar atención primaria en las casas. Carga su botiquín con algodón, medicamentos para el dolor de cabeza y la fiebre, vendas, suero y jarabe para la tos, entre otros. Pero con ella lleva también el conocimiento necesario para que su trabajo no se limite solo a distribuir medicamentos. Thalasamma es también un agente de sensibilización esencial para la mejora de la salud en las áreas rurales. En cada una de las 10 visitas que realiza cada día, conversa con sus vecinos y les aconseja acerca de prevención de enfermedades, el cuidado de las embarazadas y sobre el consumo de alimentos nutritivos. Hace un seguimiento de las personas con VIH y tuberculosis que deben tomar una medicación regular y del calendario de vacunación de los menores.
 


Una vez al mes, la acompaña la trabajadora en la promoción de la salud, que coordina estas labores en 30 pueblos. En su compañía, además de la distribución del desayuno, se pesa a los niños y niñas, se toma la tensión a embarazadas y ancianos, y se continúa incidiendo en el cuidado de la salud. La coordinadora es la encargada de derivar los casos graves al hospital más cercano y de dar una fecha aproximada del parto a las embarazadas. También les habla sobre la prevención de enfermedades sexuales y el uso del preservativo. Su trabajo de incidencia ciudadana también incluye la celebración de días internacionales, como el Día Mundial del VIH que sirve de pretexto, una vez más, para hablar sobre educación sexual, un tema en ocasiones tabú en las zonas rurales.

 

Tradiciones que perjudican la salud

El distrito de Madakasira, al sur de Andhra Pradesh, es uno de los más arraigados a las tradiciones, creencias y supersticiones, por lo que la labor de las trabajadoras sanitarias rurales es un reto continuo. En él, la comunidad gola aún mantiene tradiciones como que la mujer duerma fuera de casa cuando tiene la menstruación o cuando acaba de tener un hijo, porque consideran impuro su estado.

 

En esta región, donde la FVF lleva apenas trabajando cinco años, los retos para las trabajadoras rurales son enormes. “Existen también muchos problemas de desnutrición. Las madres dejan de dar el pecho a sus hijos muy pronto, por lo que es esencial que las trabajadoras sanitarias les enseñen la importancia de la leche materna”, afirma Sirappa, en una de las formaciones realizadas en Madakasira. “Es muy importante que ellas integren todos los conocimientos posibles, y los compartan en la comunidad porque, si algún día la Fundación no está, ellos podrán seguir cuidando de su salud”, finaliza.

Entre las trabajadoras sanitarias rurales y sus coordinadoras suman más de 1.000 mujeres que con su labor diaria permiten el acceso a la salud de todas las personas.

Texto: Irene G. Dugo y Aina Valldaura