Día del Cooperante. El testimonio de Ricard Morató, arquitecto

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Con motivo del Día del Cooperante, que se celebra el 8 de septiembre, la Fundación Vicente Ferrer quiere recordar a una parte de nuestro equipo que desarrolla, cada día, su trabajo en la India. Y lo hacemos a través de la figura de Ricard Morató, un joven arquitecto que lleva casi dos años dirigiendo el Departamento de Arquitectura en Anantapur, en el área de construcción de la Fundación.

Ricard se incorporó al equipo de la Fundación tras dejar su trabajo en un estudio de Arquitectura de Barcelona. “Tenía ganas de trabajar en el ámbito de la cooperación al desarrollo, así que me puse en contacto con la Fundación y en un mes y medio estaba en Anantapur, donde empecé como voluntario”.

La magnitud del departamento le sorprendió desde su llegada: “No venía con una idea prefabricada. Lo que no me esperaba era el volumen de trabajo y de actividad con el que me encontré. Me sorprendió muy gratamente la magnitud de este programa de desarrollo integral”, comenta Ricard, “toda la infraestructura y el gran equipo de trabajo de la Fundación en la India, integrado por más de 2.200 trabajadores autóctonos”.

Antes de llegar a la India, Ricard se había acercado a la realidad de otros países del Sur, en Guatemala y Bolivia. “Durante el primer año de carrera decidí marcharme a Guatemala para participar en un proyecto en la selva, donde ejercí de profesor para niños de una comunidad indígena. Después, a través de un proyecto de la universidad, me fuí dos meses a Bolivia, donde participé en la construcción de una biblioteca y parte de una universidad en Chiquitania”. Fue el primer acercamiento de Ricard Morató a la cooperación al desarrollo, que le serviría como aprendizaje para su próxima experiencia profesional en el Sur de la India. “Mi trabajo en Anantapur forma parte de un gran programa de cooperación, es una pieza de un engranaje que hace que esto funcione, no es una colaboración puntual”, explica.

Un compromiso que le ha dado la oportunidad, como señala, de participar en grandes proyectos, como el Hospital Pediátrico de Bathalapalli –inaugurado el pasado mes de agosto-, con capacidad para atender a 50.000 pacientes al año. “Son obras de un gran impacto en las comunidades rurales de Anantapur, tanto como otras de menor envergadura, pero no por ello menos importantes para el desarrollo de esta región”, concluye.

La obra más especial para Ricard Morató ha sido la tumba de Vicente Ferrer. “Estoy muy contento de haber podido participar, de que haya sido un diseño que cuente con la satisfacción de todos, de indios, de españoles y, sobre todo, de la familia Ferrer”.

Su valoración de estos casi dos años en Anantapur es positiva: “Ha sido un aprendizaje personal, sin duda. Enriquecedor, pero nada fácil. La clave del trabajo de cooperación en un país del sur es escuchar, tanto a las personas locales de tu mismo equipo, como a las que van a ser destinatarias de la obra que estás diseñando y que después ejecutarás. Si, en conciencia, piensas que algo es mejor de forma diferente, es fundamental conseguir el consenso. De ello depende la adecuación del proyecto y su sostenibilidad en el futuro”.
 

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