Terapia ocupacional e integración, un giro en la vida de jóvenes con discapacidad psíquica

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En el distrito de Anantapur, la tasa de personas con discapacidad es elevada. Este colectivo, con posibilidades limitadas de desarrollarse personal y socialmente, acusa la discriminación de sus comunidades e, incluso, de sus familias.

Es el caso de las personas con discapacidad psíquica. La Fundación Vicente Ferrer, a través de la terapia ocupacional, trabaja desde 2006 para promover su salud, su bienestar, el desarrollo, la mejora y la recuperación de sus capacidades, a través de dos proyectos. 30 jóvenes reciben formación y desempeñan un trabajo en el Centro de Encuadernación (Kudero) y 14 chicas han comenzado este proceso en el Centro de Terapia Ocupacional en papel reciclado, inaugurado un año atrás en Bukaraya Samudram (Anantapur). Es el caso de Shamala.

Con 17 años, Shamala es una estas jóvenes con discapacidad psíquica que participan en el centro. Allí vive, convive, recibe formación y desarrolla actividades, con fines terapéuticos, vinculadas al reciclaje, la fabricación y la conversión de papel en cartón y otros productos artísticos. Mejorar su salud, favorecer el aprendizaje, valorar las respuestas de su comportamiento y su significado son los objetivos de un proyecto que, tras el primer año de funcionamiento, ha incidido, sobre todo, en las pautas de comportamiento y en el desenvolvimiento en la vida diaria de estas jóvenes. “La formación, personal y profesional, que reciben todos los jóvenes de los centros de terapia ocupacional de la FVF, en telugu –lengua oficial del estado de Andhra Pradesh-, matemáticas y habilidades personales, les ayuda a realizar de una manera más plena las actividades propias del proyecto y de la vida diaria”, explica Miriam Masso, coordinadora del proyecto. Con un grado de discapacidad intelectual leve (coeficiente intelectual 55-70%), Shamala es una de las jóvenes que más responsabilidades tiene dentro del Centro y que mayor desarrollo personal ha experimentado.

Esta joven llegó desde Idukal, un pequeño pueblo situado en las zonas rurales del distrito de Anantapur, en las que ser mujer y sufrir una discapacidad se traduce, en muchos casos, en discriminación, también por parte de las propias familias. En un medio en el que el trabajo diario condiciona la vida de la familia, aportar a la economía familiar es clave. El caso de Shamala es, sin embargo, muy diferente. Su padre, jornalero, padre de tres hijas y un hijo, viudo y con limitados recursos, atiende cada requerimiento del personal de la Fundación. “La implicación de las familias en el proceso de desarrollo personal y social de estas jóvenes es fundamental. El equipo de la Fundación debe contar con la colaboración de los padres y de las madres, no sólo cuando las jóvenes van a casa por vacaciones, sino durante toda su estancia en nuestros centros”, explica Miriam Masso. “Cuando regresan a sus casas, son capaces de colaborar en algunas actividades. Esto es muy valorado por sus familias, de origen muy humilde y condiciones de vida muy duras”, explica. “Además, el proyecto prevé que las jóvenes puedan trabajar desde sus casas cuando finalicen su formación, realizando productos de papel y ganando un salario. Así, pueden vivir en su propio entorno, junto a sus familias. Colaborar en la vida familiar refuerza su autoestima y hace que sean más valoradas por éstas y por toda la comunidad”.