"Sobre una buena educación se construyen buenas personas”

Ramachandra tiene 40 años. Nació cerca de Anantapur y creció en una familia con pocos recursos. Su vínculo con la Fundación Vicente Ferrer (FVF) comenzó cuando era pequeño. A los nueve años fue apadrinado y ahora trabaja en las oficinas de la organización como ayudante. Asegura haber crecido y aprendido acerca de la vida con la FVF. Todo este aprendizaje le ha servido para luchar y girar el camino impuesto por el destino, no solo el suyo sino, sobre todo, el de su familia.

 

Ha llegado a la entrevista bastante puntual y algo emocionado, sorprendido de que la historia de su vida pueda ser de interés para un artículo. Se ha sentado sonriente y se ha puesto un poco nervioso al saber que la grabadora estaba funcionando. En realidad, detrás de sus dudas y temores se esconde una historia de superación, un reto por hacer mejor el presente y futuro de su familia. Originario de una familia con pocos recursos, Rama, como le llaman todos, comenzó siendo un niño apadrinado de la FVF. “Nos mudamos a Anantapur cuando tenía nueve años, mi madre limpiaba casas y la Fundación le dio trabajo como barrendera” asegura mientras se adentra en hacer un repaso de su infancia. “También nos dio una vivienda digna, y yo empecé a ir a clases de refuerzo los domingos y entre semana vivía en el internado. Mi padre nunca se preocupó por mis estudios”. Las primeras barreras que derrumbó Rama fueron las de la educación. Conscientes de que el nivel que tenía no era el adecuado, los profesores decidieron bajarlo de curso para que pudiera aprender a leer y escribir.

Creció con el firme pensamiento de que la educación es el motor para la construcción de una sociedad mejor, y no dudó un segundo cuando tuvo que plantearse el futuro de la familia que comenzaba tras él. Se casó con 22 años con Maheswari, traductora de la FVF que trabaja en la oficina de Apadrinamiento. En una sociedad donde tener una hija supone una carga económica, el destino les regaló tres mujeres a esta joven pareja. Shalini, Harita y Yaswanikeerti, completan esta familia con poder femenino y que ha dado un vuelco al destino, ese que escoge aleatoriamente el camino de algunas personas. Nadie dijo que tener tres hijas podría suponer un obstáculo para Rama. Empeñado en que sobre una buena educación se edifican personas mejores, les mostró a sus hijas el rumbo hacia los estudios superiores, costara lo que costara. Un salto generacional que ha encaminado a estas jóvenes hacia la odontología, la ingeniería eléctrica y ser miembro de la National Cadet Corps. “Cuando era pequeño me insultaban porque no tenía estudios, no quiero que eso les pase a mis hijas” contesta cuando le preguntamos por qué está tan empeñado en la educación superior. “La educación da respeto y dignidad a las personas”.

 

No hablamos de dotes, ni de matrimonios, ni de futuros nietos o nietas, ni siquiera de si le hubiera gustado tener un hijo varón, Rama tiene claro que el presente de sus hijas es que terminen sus estudios y sean personas formadas e independientes. Pero, ¿Y el futuro? ¿Una pequeña idea u opinión? ¿No le preocupa, como a muchos, quién cuidará de él cuando sea mayor? “Eso no es importante. Todo va a salir bien si ellas continúan estudiando”, recalca “A veces nos preocupamos por el precio de la Universidad, pero podremos afrontarlo. Mi mujer y yo estamos trabajando para ello”. Se le llenan los pulmones, mira al cielo y se agarra al corazón cuando habla de sus hijas. En toda la entrevista no ha dejado de mostrar orgullo y felicidad por ellas, por todo lo que son y lo que están creciendo. Sonríe ampliamente cuando recuerda que una de sus hijas salió en uno de los documentales de la Fundación hace casi 20 años. “Entonces no había muchos niños que hablaran inglés, pero ella sí, por eso la eligieron”.

 

“La cultura y la educación, los pilares de la FVF, han sido esenciales en mi vida, y así se lo he transmitido a mis hijas”, asegura cuando intentamos que nos de una respuesta sobre qué ha aprendido en este tiempo. Le digo que tiene una mente muy abierta, que me emociona cada palabra que dice. Y se ríe. Sonríe, una y otra vez. Insiste en que todo lo ha aprendido gracias a la Fundación. Seguramente sea la sonrisa una de sus armas para derrumbar barreras, o el espíritu positivo que le acompaña. O simplemente Rama encontró la clave, que la educación puede girar cualquier decisión del destino.

Texto: Irene G. Dugo