Farida: “Estudiar es el pasaporte a la independencia”

  • La vida de Farida, desde su boda por amor hasta que quedó viuda, es una historia llena de dureza y superación

Farida tiene 31 años y vive en el pequeño pueblo de Kambadur, en el distrito de Anantapur (Andhra Pradesh).  Madre de una hija de 6 años, Anishka, y de un hijo de 14, Vikash, para ella nada ha sido fácil. Se casó por amor, a diferencia de la mayoría de mujeres en la India rural donde el matrimonio concertado se impone en la mayoría de ocasiones, pero el precio que pagó fue muy alto. Su familia nunca le volvió a dirigir la palabra, y el hombre del que se enamoró y creía conocer resultó tener problemas con el alcohol. Unos problemas que le llevaron a acumular enormes deudas y por las que se suicidó.

En 2012 Farida se quedó viuda, y desde entonces ha vivido en primera persona el estigma y la discriminación. Las viudas son uno de los colectivos más vulnerables de la India. Antiguas y arraigadas supersticiones aún prevalecen en las zonas rurales, considerando a estas mujeres portadoras de mala suerte y en muchos casos culpándolas de la muerte de sus maridos. La Fundación Vicente Ferrer (FVF) apoya desde hace años a estas mujeres en las zonas rurales a fin de luchar contra la discriminación de este colectivo y fomentar su integración social. A pesar de que su situación ha mejorado en los últimos años, algunas siguen arrastrando el estigma social. Sin embargo, son muchas las que consiguen salir adelante y llegan a convertirse en referentes para su comunidad.

Farida es una de ellas. A día de hoy trabaja como maestra en un colegio privado en el pueblo para niños y niñas de entre cuatro y cinco años. “Me gusta, aunque el salario es muy bajo”, reconoce y es que Farida tiene aspiraciones: “Me gustaría poder volver a estudiar y convertirme en profesora de hindi”. 

 

¿Qué reacción tuvo tu familia cuando les dijiste que te querías casar por amor? 

Mis padres se opusieron rotundamente desde el principio, pero yo lo tenía claro. Conocí a mi marido, Vishalbabu, en el instituto. Estudiábamos bachilleratos juntos y nos enamoramos. Él era de casta muy baja y hacía años que su familia se había convertido al cristianismo, como forma de huir del sistema de castas.

Mi sueño era ser maestra, pero debido a los problemas económicos de mi familia y su oposición al matrimonio no pude seguir estudiando. Dejé los estudios y con 18 años me casé con la persona que quería y me convertí al cristianismo. Desde entonces mis padres no me han vuelto a hablar.

¿Era la religión el problema?

No, en absoluto. El problema no era que yo fuera musulmana y él cristiano, sino que él pertenecía a una casta muy baja. A pesar de haberse convertido al cristianismo para huir de eso, el estigma y la discriminación no son tan fáciles de extinguir. 

¿Y una vez casados como conseguisteis salir adelante sin el apoyo de tu familia?

Yo dejé los estudios en bachillerato y me dediqué a hacer ornamentos de flores, que las mujeres se ponen en el pelo. Mi marido era albañil. Lo que yo desconocía cuando me casé era que mi marido, la persona a quien yo creía conocer, tenía problemas con el alcohol. A pesar de tener empleo, muchas veces era incapaz de ir a trabajar porque estaba demasiado bebido. Cuando eso pasaba yo me iba a dormir a casa de sus familiares. No quería que mis hijos le vieran dando tumbos por casa y tirándolo todo. Aunque nunca me puso la mano encima, no quería verle en ese estado.

Fue precisamente una de esas noches en las que yo no estaba en casa cuando él decidió terminar con todo. Se emborrachó, se roció con queroseno y se prendió fuego. Por culpa del alcohol había acumulado muchas deudas. Debía dinero a amigos, familiares… Y todo para seguir comprando bebida.

Ser una mujer viuda en la India rural no es fácil…

Me quedé viuda con 26 años. Era, y aún soy, muy joven. Las mujeres viudas en la India sufrimos un fuerte estigma. Hay quien cree que traemos mala suerte y que si nos hemos quedado viudas es porque hemos hecho algo malo.

Lo que más me entristece es cuando no me dejan entrar en alguna casa porque creen que algo malo les va a pasar. A las bodas sí que me dejan asistir, pero me tengo que quedar al final y no tocar nada. Por suerte, mis vecinas y las mujeres del sangham, la asociación de mujeres de la FVF, me han apoyado mucho todo este tiempo. Me han dejado dinero y han compartido su curry conmigo siempre que lo he necesitado.

¿Y qué relación tienes ahora con tu familia?

Para mí, mi familia son mi hija y mi hijo. Anishka está estudiando segundo de primaria y Vikash, el mayor, está en noveno curso. Este año le han dado un reconocimiento por buenas notas. Ellos son toda mi vida ahora mismo. A mi padre no le he vuelto a ver desde que me casé y a mi madre, después de quedarme viuda, la he visto algunas veces en el mercado y se limita a preguntarme cómo estoy. Eso es todo. A veces creo que es culpa mía, que hice algo malo, pero yo quería a mi marido.

¿Has pensado en volverte a casar?

No me interesa volver a contraer matrimonio. He conocido algunas mujeres viudas que se han vuelto a casar y el nuevo marido ha tratado mal a los hijos del matrimonio anterior. No quiero que les pase eso a mis hijos. Por eso es tan importante trabajar y poder ser independiente. Yo sola me puedo hacer cargo de ellos. Lo más importante para mí ahora mismo es que mis hijos tengan una vida mejor que la mía, y solo lo podrán lograr si estudian. Ese es el pasaporte a la independencia.

Aina Valldaura