Elena Rosell, voluntaria: "El comprador debe formar parte de una cadena de producción justa"

  • La diseñadora ayuda a la formación de las 350 mujeres con discapacidad que crean productos de comercio justo en Anantapur

Elena Rosell (Barcelona, 1993) llegó a Anantapur hace más de siete meses y forma parte del equipo de diseño del proyecto de comercio justo de la Fundación Vicente Ferrer (FVF). En su trabajo diario acompaña a las mujeres en los talleres de producción y realiza formaciones para la creación de nuevos productos.

En la actualidad 320 mujeres con discapacidad integran el programa y elaboran productos de yute, papel maché, bordados a mano, costura, joyería y araconut (hojas de palmera). Esta iniciativa pasó a ser miembro permanente de la Organización Mundial de Comercio Justo (WFTO por sus siglas en inglés) en diciembre de 2016.

 

¿En qué consiste tu trabajo diario en Colaboración Activa?

Mi trabajo es enseñar y apoyar a las mujeres de los talleres en el proceso de creación de un nuevo producto. Esta enseñanza debe ofrecer las herramientas para que ellas se empoderen, hagan suyo el producto y sean capaces de desarrollarlo por sí solas. En este proyecto trabajamos todo el equipo de forma coordinada. Ellas reciben formación paralelamente, observan y preguntan, aunque eso implique un proceso más lento. A mí me parece fascinante. Es mucho más enriquecedor contemplarlo poco a poco y considero que esto luego también se ve reflejado en el producto.

 

Al final, la responsabilidad de un producto de comercio justo es de todos…

Por supuesto. Los productos confluyen de una cadena de consciencia, que pasa desde la formación y empoderamiento de estas mujeres hasta que se adquiere el producto final, donde el comprador también es responsable de este. Yo como diseñadora soy consciente de los materiales que se utilizan y me responsabilizo del tipo de tejidos que estoy eligiendo y por qué. Hay que prestar atención y cariño a cada parte del producto.

 

¿Crees que la compra responsable en nuestra sociedad está en aumento?

Es un proceso lento, pero tengo esperanza, y creo que es un trabajo de todos y todas. Hay que educar en cómo se compra, en qué estamos eligiendo cuando compramos, así que también tenemos que educarnos en qué queremos producir. Hay que apostar por ello y sensibilizar acerca de que proyectos como este no son solo una oportunidad para las más de 300 mujeres que trabajan en los talleres, sino que también representan una oportunidad para el comprador de formar parte de una producción justa del producto.

 

¿Cuáles han sido los retos materiales en tu trabajo?

Generalmente trabajamos con materiales de los que podamos extraer bastante materia prima de la India, por lo que uno de los mayores retos es aprender a trabajar con materiales que no conocía como el yute o el araconut. El primero es una fibra vegetal ecológica muy resistente con la que hemos hecho distintos tipos de bolsos y productos de decoración para el hogar. El segundo es una hoja de palmera muy dura que tratada con agua y un componente natural puede servir para hacer muchos productos porque se vuelve muy flexible. Con ella hemos hecho recientemente libretas, platos biodegradables y joyería.

 

Y en cuanto a los retos profesionales, el trabajo con las mujeres…

Más allá del desarrollo del trabajo, de lo que implica la parte profesional de este voluntariado, uno de mis mayores retos ha sido poder comunicarme con cada una de las mujeres que trabajan en los talleres, no solo en inglés o en telugu, sino incluso en lengua de signos. Sabía que tenía que aprender todo esto para poder estar más cerca de ellas, para transmitirles la formación pero también para la parte más emocional y personal, estableciendo un vínculo de confianza entre nosotras. Una de las sorpresas fue tener que enseñar patronaje a través de la lengua de signos. Esto me ha enriquecido y me he esforzado mucho para estar más cerca de ellas.

Otro de los retos, en la cultura que nos encontramos, es hacerles ver que tienen la libertad para elegir. Cuando diseñamos un producto les ofrezco la posibilidad de que decidan, por ejemplo, sobre el color u detalles del producto. Quiero que pierdan el miedo a poder elegir, ganen autonomía, porque eso al final también hace más rico el producto.

Texto: Irene G. Dugo