Doctor Glory: “La pobreza acaba siendo la causa de muchas enfermedades”

  • Este médico trabaja en una de las clínicas de la red de salud rural de la Fundación Vicente Ferrer

Glory Shadrae Singavaram es graduado en medicina homeopática y cirugía. Poco después de terminar sus estudios conoció la labor que la Fundación Vicente Ferrer (FVF) lleva a cabo en el estado indio de Andhra Pradesh desde hace más de 46 años y tuvo claro que quería formar parte del proyecto. Tomar esa decisión supuso ampliar sus estudios y su experiencia profesional. Actualmente trabaja en una de las 13 clínicas rurales de la Fundación, destinadas a la atención de las personas de comunidades desfavorecidas que viven en aldeas alejadas de los grandes centros sanitarios y que no pueden asumir el coste económico que supone desplazarse. Este año, siete de estas clínicas han pasado a formar parte de la red hospitalaria de la FVF. 

¿Por qué decidiste ser médico?
Para servir a la gente. Me preocupan los problemas de la gente.

En tu caso, te dedicas a las personas de comunidades desfavorecidas, que tienen unos recursos económicos muy escasos.
Son personas que, aunque sufran problemas de salud, van a trabajar porque necesitan el poco dinero que ganan para sobrevivir, y suelen tener trabajos duros, como el campo o la construcción. Su principal problema es la pobreza, que acaba siendo la causa de muchas de sus enfermedades.

¿Qué tipo de atención les podéis ofrecer en la clínica rural?
Atendemos y tratamos problemas como la artritis, que es muy común y está favorecida por el flúor del agua y la dureza de los trabajos; la epilepsia, relacionada con la herencia genética y los partos en casa; fiebres de muchos tipos; gastroenteritis por contaminación del agua o de la comida… y los casos más complejos los derivamos a los hospitales. Pero en nuestro trabajo es muy importante es escuchar y conocer no solo la parte física sino la psicológica de las personas. Hay mucho sufrimiento. Además, en mi caso por las tardes visito en los pueblos a los niños y niñas apadrinados de la FVF para hacerles chequeos y promover buenos hábitos.

Parece un trabajo muy vocacional. ¿Por qué un médico decide vivir en una aldea alejada de los grandes núcleos urbanos cuando podría seguramente llevar una vida más cómoda trabajando en la ciudad?
Procedo de una familia de una comunidad desfavorecida y quiero ayudar a personas de esa misma comunidad. Mi mujer, mis hijos y mi madre viven a 200 km de aquí y los veo tres veces al mes. Sufro por no tenerlos conmigo, pero cuando veo a la gente a quien puedo ayudar, que sufre mucho más, olvido mis problemas y me siento satisfecho. Mi hija también quiere ser médica para ayudar a la gente. De hecho, ella tiene epilepsia y se da cuenta de que sus padres pueden cuidarla y financiar su tratamiento cuando hay otras muchas personas que no tienen las mismas oportunidades.

¿Podrías destacar algún reto para mejorar la salud de los pacientes en el que estéis trabajando actualmente?
Nos preocupa ser capaces de detectar a tiempo problemas de corazón de origen genético que sufren los niños y niñas y que podrían causarles una muerte prematura. Los once médicos de la red de salud rural de la Fundación reportamos unos sesenta casos al año. Los enviamos al Hospital de Bathalapalli, uno de los tres con que cuenta la Fundación, para que les hagan un estudio en profundidad y se decida si necesitan una operación.

¿A día de hoy, trasladas mensajes de optimismo a tus pacientes?
Les digo que igual como los atendemos en la clínica, ellos seguro que pueden ayudar a su comunidad de alguna manera. Que debemos ayudarnos los unos a los otros.