Arancha Alvear: “La arquitectura inclusiva no es adaptabilidad, es diseño universal”

Arancha Alvear (Sevilla, 1990) es una arquitecta sevillana que trabaja como voluntaria en el Sector Hábitat de la Fundación Vicente Ferrer (FVF) desde hace más de un año. Llegó en mayo del 2016 convencida de aportar algo distinto y, hoy, en la recta final de su voluntariado, está terminando la dirección de uno de los proyectos de la Escuela Inclusiva.
 

¿Cuál es tu trabajo dentro de la FVF?
Trabajo como arquitecta dentro del Sector Hábitat desde hace un año, colaboro en el diseño y ejecución de las construcciones que realiza la Fundación. He dado apoyo en muchos proyectos, pero en el que más involucrada he estado ha sido en el diseño y ejecución de los dormitorios para 120 niños y niñas de la Escuela Inclusiva de Primaria ubicada en Anantapur. También estoy participando en el diseño y puesta en marcha de las letrinas secas y el nuevo concepto de los centros comunitarios que aún están en fase de diseño.

¿Qué tienen de particular estos dormitorios que has diseñado?
La gran peculiaridad de cada rincón de esta construcción es la de ser un espacio creado para niños y niñas teniendo en cuenta distintas discapacidades. En un mismo lugar, convivirán menores con discapacidad auditiva, visual y física, por lo que cada elemento está analizado y estudiado para que todos puedan utilizarlos. La arquitectura a veces olvida hacer accesible los elementos para todos los usuarios, y es esto contra lo que remamos. Cosas tan simples como bajar la altura del grifo del lavadero o la de las ventanas, hace posible que todos los que viven aquí puedan hacer suyo el entorno. De eso trata la arquitectura inclusiva, de hacer partícipes a todos del mismo espacio. No se trata de añadir una rampa para personas con movilidad reducida una vez el edificio esté construido, sino de que la rampa debe contemplarse desde el primer momento. No es adaptabilidad, es diseño universal.

Además, todo el diseño de estos dormitorios ha funcionado gracias a la colaboración de voluntarios y trabajadores del Sector Personas con Discapacidad, que nos han ayudado a vislumbrar las necesidades arquitectónicas de los futuros usuarios.

Algunos elementos nuevos que puedas destacar…
Cada uno de los dormitorios tiene un color, que combina con el amarillo para resaltar los volúmenes de puertas, ventanas y paredes. El uso de distintos colores contrastados permite a los niños con discapacidad visual detectar más rápido la zona de su dormitorio, así como orientarse en el lugar. Cada dormitorio tiene un pequeño vestíbulo delante de los baños con un armario y un lavadero. Este último tiene los grifos a baja altura para que los niños en silla de ruedas accedan con facilidad. Los baños cuentan con dos letrinas, un inodoro y tres duchas, todas a la altura de los menores. Cada sector (dormitorio y baño) tiene un patio central rodeado por paredes con celosía que combinan círculos y cuadrados, lo que permite la identificación del espacio a través del tacto.

¿Cuáles son los mayores retos a los que os enfrentáis?
La construcción se hace generalmente con hormigón, un material que, aunque es duradero, no funciona bien con las altas temperaturas de esta zona, por lo que uno de los mayores retos es rebajar la temperatura del interior de los edificios. Para esto hemos instalado una doble cubierta metálica por encima del forjado, creando una cámara de aire, lo que hace que el sol rebote en el metal y evita que el calor incida sobre el hormigón. Esto es algo que ya está en la Escuela Inclusiva y que en los dormitorios hemos incorporado en forma de bóvedas.

Cuéntanos un poco de los proyectos que están por venir
Ahora mismo otro de los principales proyectos es el de las letrinas secas, muy ligado a la grave sequía que sufre la población en esta zona de la India. Muchas familias no tienen agua para consumo propio, por lo que aún menos para los baños. Este nuevo proyecto permite, a través de un material secante, deshacerse de las heces sin necesidad de agua, llenando un depósito que se vacía entre una y dos veces al año.

El principal problema que nos encontramos con esto es cultural. El contacto personal con algo impuro como las heces es inconcebible para muchas personas, por lo que al final acaban usando la letrina como almacén. En este proyecto, hay un gran trabajo de sensibilización. / Texto: Irene G. Dugo.